Pero el ángel les dijo a las mujeres: «No teman. Yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como él dijo. Vengan y vean el lugar donde fue puesto el Señor. Luego, vayan pronto y digan a sus discípulos que él ha resucitado de los muertos. De hecho, va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán. Ya se lo he dicho.» Entonces ellas salieron del sepulcro con temor y mucha alegría, y fueron corriendo a dar la noticia a los discípulos. En eso, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Salve!» Y ellas se acercaron y le abrazaron los pies, y lo adoraron.
San Mateo 28:5-9 RVC
Hace unos días te mencionaba que las personas vemos las cosas de acuerdo a nuestra personalidad, por eso aunque varias participen del mismo hecho, cada una de ellas se enfocará en detalles diferentes. Hoy quiero ahondar en esa idea, esta vez diferenciando la forma en que las mujeres y los hombres se aproximan a la realidad.
Es sabido que, generalmente, las mujeres somos más emocionales e intuitivas, en cambio, los hombres más racionales, su atención se enfoca en hechos concretos.
Cuando Cristo resucita las mujeres van al sepulcro y le creen al ángel, enseguida salen a dar la noticia al resto de los discípulos de que Su Señor iba delante de ellos a Galilea. En el camino, Jesús les sale al encuentro y las saluda. Ellas inmediatamente se abrazan a sus pies y lo adoran.
Pero hay otra historia que Juan registra luego de la resurrección que ilustra lo que te mencionaba recién. Vale la pena que lo leas…
Poco tiempo después, Jesús se apareció a los discípulos a la orilla del lago de Tiberias. Esto fue lo que sucedió: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás el Gemelo, Natanael, que era del pueblo de Caná de Galilea, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos de Jesús. Pedro les dijo: —Voy a pescar.
—Nosotros vamos contigo —dijeron ellos. Todos subieron a una barca y se fueron a pescar. Pero esa noche no pudieron pescar nada. En la madrugada, Jesús estaba de pie a la orilla del lago, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les preguntó: —Amigos, ¿pescaron algo? —No —respondieron ellos. Jesús les dijo: —Echen la red por el lado derecho de la barca, y pescarán algo. Los discípulos obedecieron, y después no podían sacar la red del agua, pues eran muchos los pescados. Entonces el discípulo favorito de Jesús le dijo a Pedro: «¡Es el Señor Jesús!»
Cuando Simón Pedro oyó que se trataba del Señor, se puso la ropa que se había quitado para trabajar, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron a la orilla en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban como a cien metros de la playa. Cuando llegaron a tierra firme, vieron una fogata, con un pescado encima, y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró la red hasta la playa. Estaba repleta, pues tenía ciento cincuenta y tres pescados grandes. A pesar de tantos pescados, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era; ¡bien sabían que era el Señor Jesús! Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, y también les dio el pescado.
San Juan 21:1-13 TLA
Esta fue una jornada realmente especial para sus amigos, por segunda vez los discípulos experimentan una pesca milagrosa. La primera fue cuando llamo a seguirlo a algunos de ellos y ahora, después de resucitar vuelve a la playa a buscarlos. Lo increíble es que sus más cercanos no lo reconocieron.
Fue allí donde ante la orden de Jesús echaron la red y no podían sacarla por la cantidad de peces… Es en ese momento que Juan le dice a Pedro: ¡Es el Señor!
Muchas veces, aun los que conocemos a Jesús y hemos experimentado su obra en nosotros podemos atravesar períodos de aridez, momentos en que la frustración, la tristeza o las pérdidas no nos permiten “reconocer” al Señor.
Todos somos diferentes y Cristo se acerca una y otra vez, insiste en revelarse de manera que podamos percibir que realmente es Él. Es tanto su interés en que puedas recuperar la calidez y la certeza de Su presencia en tu vida que está dispuesto a repetir un milagro, ese que hizo especialmente para vos en otro tiempo, para que puedas volver a descubrirlo.
El Rey de Reyes siempre toma la iniciativa para llegar a cada uno de nosotros de manera única y especial.
Pascuas de resurrección es el tiempo de reconocer al Cristo, redescubrirlo y recuperar el calorcito de su presencia que quiere volver a inundar tu corazón y soplar fe. Ahí donde te moves cotidianamente, en tu barca, tu propia playa y tu rutina está preparando una mesa especial… ¿lo ves?
¡El Señor ha resucitado y va delante de su iglesia! ¿Podés reconocerlo?
Mónica Lemos
