Dispuestos a cavar

El jardinero respondió: “Señor, dale otra oportunidad. Déjala un año más, y le daré un cuidado especial y mucho fertilizante. Si el año próximo da higos, bien. Si no, entonces puedes cortarla”.

Lucas 13:8-9 NTV 

La higuera necesitaba un trabajo profundo de transformación. El viñador tenía que hacer una tarea de conversión y limpieza. «… hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone».

Este es, quizás, el punto más crucial y desafiante de la parábola.

El viñador no pide tiempo para dejar a la higuera tranquila. Pide tiempo para intervenir drásticamente. Él propone dos acciones: cavar y abonar. El cavar es doloroso para la higuera, expone sus raíces. El abonar necesita de tiempo para que absorba los nutrientes… que la hagan revivir.

Los entendidos dicen que cavar alrededor de un árbol crecido es un proceso violento. Implica romper la tierra endurecida que se ha compactado con el tiempo. Significa cortar algunas raíces superficiales. Dejar al descubierto lo que estaba oculto debajo. 

Hace ya varios meses que en mi barrio se están realizando obras públicas para mejorar la autopista y sus puentes. Para hacerlo sacaron de raíz varios árboles añosos para trasplantarlos a otro lugar. Necesitaron grandes grúas y diferentes maquinarias para que las enormes raíces no se lastimen. Mucho personal trabajó en esto, y ahora veo que fue un buen trabajo cuando noto a las enormes palmeras y otros grandes árboles con las hojas verdes a pesar de no ser verano. Mi deducción es que quienes lo hicieron sabían cómo hacerlo. Gente experta en el tema. 

Nuestro Viñador no solo es experto… Él nos ama. Expuso sus propias raíces, fue quebrado y partido para que vos y yo demos frutos. Cavar es renunciar, ceder, podar, remover y cambiar. Estar dispuestos a que el Espíritu «cave» en nosotros significa renunciar a nuestra comodidad. Exponernos a la Palabra, confesar y sacar a la luz.

A veces, la gracia que nos renueva viene en envoltorios que no nos gustan: consejos que no resistimos, prédicas que nos incomodan, pedir perdón a alguien que herimos…

Estar dispuestos a cambiar es aceptar activamente este proceso de cavar y abonar, aceptando al Viñador en lugar de resistirnos a su proceso.

No nos gusta que caven a nuestro alrededor. Duele. Nos hace sentir vulnerables.

Preferimos la superficie lisa y sin cambios. Pero una tierra no removida no permite que penetren el agua ni los nutrientes. 

Si queremos cambiar, debemos decirle al Viñador: «Señor, cavá profundo. Rompé mi orgullo, desenterrá mis malos hábitos, exponé mi religiosidad». Quiero dar buenos frutos para vos.

 

Ruth O. Herrera