Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los leprosos y expulsen a los demonios. Ustedes recibieron gratis este poder; no cobren tampoco por emplearlo.
Mateo 10:8 (DHH)
Al observar la cruda realidad de los últimos tiempos, el común denominador de las personas podría hacer un pronóstico del planeta, la sociedad y hasta lo personal… nada satisfactorio. Es común en nuestras charlas casi cotidianas hablar de la educación y de la cantidad de chicos que no tienen una formación completa y por lo tanto no tendrán un futuro prometedor. Familias en situación difícil económica y emocionalmente, y esto lo vemos también dentro de la iglesia.
Jesús vivió su propia pandemia de enfermedades incurables, desasosiego, incredulidad y desprecio, pero nunca dejó de enseñar, animar y encomendarle a sus seguidores que inviertan esperanza llevando y desarrollando cada día un evangelio práctico y concreto.
Es que justamente impactar en la realidad que lo rodeaba era su objetivo y misión.
Su comunión con el Padre y la manifestación de la Gracia cambiaba muchos lamentos en danzas…
En tiempos actuales sólo creyendo en el poder del Espíritu Santo operando en nosotros, es que podemos desafiar nuestra propia realidad y la que nos rodea. La enfermedad y la desigualdad no son distintas a las que Jesús enfrentó… y nos garantiza el ver y provocar cambios.
Necesitamos imperiosamente la gracia de Dios… somos quienes la hemos recibido y absorbido, es la iglesia quién debe dar de gracia lo mismo que ha recibido. Preocupados por los demás, asistiendo al que menos tiene, al hambriento, orando por los enfermos y acompañándolos en su proceso, pero también con el que necesita una Palabra de Dios… que no volverá vacía.
La Gracia es lo que llena de sentido tu vida, es lo que te provoca a levantarte cada mañana con una clara motivación de servicio y poder decir: Soy una persona de bendición, enviada por Dios a caminar en la experiencia del dar.
Hace algunos años el pastor nos decía: “Un hombre no es sabio cuando acumuló conocimiento, sino cuando aprendió a vivir en medio de experiencias contradictorias para él”. Parece que hoy esta palabra cobrara un sentido aún mayor. El llegar a sobrevolar nuestras circunstancias diarias, es la plataforma de despegue para poder ver a los demás, identificar sus necesidades y accionar en consecuencia.
Si hoy podés mirar la realidad con esperanza a pesar de que humanamente el pronóstico es desalentador, es porque estás mirando como Dios mira… Si alcanzás a los enfermos con tu compañía y oración estás actuando como Jesús lo hizo y podés ser de bendición e inspiración a otros.
Que Dios, que da esperanza, los llene de alegría y paz a ustedes que tienen fe en él, y les dé abundante esperanza por el poder del Espíritu Santo.
Romanos 15: 13 (DHH)
¿Dónde debe estar puesta la mirada de una persona para que sea quien Dios quiere que sea?
San Francisco de Asís, un monje que fundó la orden franciscana, vivió mirando la necesidad ajena y dejó su huella a través del tiempo con una inspiradora oración que plasma lo que todo discípulo de Jesús debería desear…
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Maestro, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.
Amén
Cuando te ves a vos mismo ¿qué huellas reconocés que vas dejando en tu vida?
Y… si miras hacia atrás, en estos últimos años o meses ¿A cuántos marcaste con el amor y la gracia que recibiste?Ruth O. Herrera
