El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
San Juan 3:8 (RVR60)
Este texto es un extracto de una conversación un tanto extraña que se produjo a raíz del encuentro entre Jesús y un fariseo llamado Nicodemo. Él se acercó al Señor de noche y a partir de allí se produjo un diálogo que, desde el principio, puede parecer poco coherente. ¿Por qué Jesús respondió al elogio de este hombre con una demanda? Parece descolgado, pero así se desarrolló una charla en la cual el Maestro lo condujo a través de distintas expresiones para explicarle las diferencias entre el nacimiento físico y el espiritual.
La figura del viento ya la habíamos visto en el texto de Eclesiastés, en el devocional del martes. Jesús menciona esta figura también. Los comentaristas bíblicos dicen que el mismo término griego se utiliza para hablar de “viento”, “Espíritu” y “aliento”. Cuando sabemos esto es más sencillo entender la analogía que utilizó el Señor.
El viento sopla de donde quiere (no podemos atraparlo ni dirigirlo) podemos percibir su sonido, sentir sus efectos, pero no tenemos idea de cómo opera. Es impredecible. En la actualidad, la ciencia ha estudiado las fuerzas de la naturaleza y ha hecho varios descubrimientos sobre estas. Sin embargo, en la época bíblica no era así.
Ahora bien, de acuerdo con la idea que Jesús desarrolla, si aquellos que hemos nacido por el Espíritu permitimos que Él nos guíe y dirija de la forma que quiera, entonces sus efectos serán visibles en nuestra vida.
Algunos ejemplos de lo que el Espíritu ya ha hecho en nosotros son los siguientes:
Nos ha librado del poder del pecado (Romanos 8:2 y 9 NTV).
Nos permite pensar en lo que a Él le agrada (Romanos 8:5 NTV).
Nos confirma que somos hijos de Dios (Romanos 8:16 NTV).
Ora por nosotros en armonía con la voluntad de Dios (Romanos 8:26 NTV).
Nos da nuevos deseos (Gálatas 5:17 NTV).
Produce fruto de acuerdo con su naturaleza (Gálatas 5: 22 y 23 NTV).
Por supuesto, esta lista no es exhaustiva, no obstante, te invitamos a que busques las referencias, las leas y examines tu corazón a la luz de lo que dicen. Luego, en oración le pidas a Papá que manifieste en tu vida aquellas que creés están más débiles o todavía no podés expresar.
Mónica Lemos
