El Señor DIOS me fortalece, afirma mis pies como los de un venado para que yo camine en las alturas
Habacuc 3. 19 (PDT)
Durante toda esta semana, hemos tomado versículos del libro de Habacuc y los hemos desarrollado.
El texto que inicia el devocional de hoy es el que te comenté el lunes que había recibido mientras estaba orando y que, para mí, en ese momento no tenía ningún sentido. No podía asociarlo con una respuesta de Dios. Me resultaba extraña (y lejana a mi experiencia) la expresión “caminar en las alturas”…
Entonces leí en un artículo, no recuerdo cuál, que el ciervo o venado tiene pezuñas en sus patas que le permiten adherirse a lugares escarpados, a montañas agrietadas sin resbalar ni caer. Incluso puede caminar o correr con gran velocidad sobre lugares altos muy inclinados. Esa es una de las posibles interpretaciones del texto.
En ese momento entendí lo que Habacuc quería decir, aunque este texto también se mencione en el salmo 18.33. En todo el proceso que le tocó vivir, el Señor se reveló como su fortaleza y lo capacitó para desplazarse sobre “lugares” escarpados, difíciles, altos sin temor a resbalarse o caer porque Él mismo afirmaba sus pies.
¿Qué lugares difíciles estás transitando?
¿Podés identificarlos?
¿Tenés miedo de que tus pies resbalen y caigas?
¿Percibís que tu fe se va debilitando?
¿Te cuesta permanecer firme?
Habacuc llega desde las páginas de la Biblia y te cuenta lo que él vivió: un proceso en el que es posible recorrer caminos difíciles recibiendo una fuerza espiritual que solo viene de Dios.
Papá nunca te dejará tendido en el camino, sino que te afirmará para que puedas saltar y correr sobre tus peores circunstancias. En algún momento (recordá que hay un día y una hora señalados) podrás observar los momentos de mayor incertidumbre y crisis desde la perspectiva que Él te reveló.
Sé que es todo un desafío, pero… como también dijo el salmista
Dios de Israel, solo tú eres Dios, ¡solo tú puedes protegernos! ¡Solo tú me llenas de valor
y me guías por el buen camino! ¡Tú me das fuerzas para correr con la velocidad de un venado!
Cuando ando por las altas montañas, tú no me dejas caer.
Salmos 18. 31-33 (TLA)
(Énfasis del autor)
Mónica Lemos
