Él completa y da plenitud

Dios ha puesto todo bajo la autoridad de Cristo, a quien hizo cabeza de todas las cosas para beneficio de la iglesia. Y la iglesia es el cuerpo de Cristo; él la completa y la llena, y también es quien da plenitud a todas las cosas en todas partes con su presencia.

Efesios 1. 22 y 23 NTV

Cuando observamos nuestra realidad nos resulta complicado creer que Dios ha puesto todo bajo la autoridad de Cristo. Intelectualmente lo aceptamos, hasta podemos repetirlo, pero muchos siglos de historia nos demuestran que nos cuesta mucho vivir en esta doble dimensión: lo que Dios ya hizo y lo que nosotros podemos experimentar para implantar la cultura del reino aquí y ahora.

En mi opinión hacemos la diferencia entre la iglesia como cuerpo de Cristo en todo el universo y la iglesia como comunidad local. En la primera, todo está dado; en la iglesia local encontramos errores; la indiferencia; la penetración subterránea de la cultura anti reino… muchas veces esto me desanima.

Puede suceder que alguien no se sienta  parte del todo en la comunidad local de creyentes, y opta por alejarse. Pero de algun modo todos somos parte de esas imperfecciones porque la venida del reino aún no ha sido consumada en su totalidad.

Por otra parte, podemos asumir como desafío el rogar junto con el apóstol Pablo para creer y vivir en la convicción de que  “la iglesia es el cuerpo de Cristo; él la completa y la llena, y también es quien da plenitud a todas las cosas en todas partes con su presencia”.

Si es Cristo quien completa y llena a la iglesia, necesitamos que su presencia activa esté, en primer lugar, en cada uno de nosotros…luego vendrá la plenitud en todas partes.

Nuestro pastor al hablar sobre la crisis mencionó hace un tiempo, que se produce cuando algo no termina de morir y algo no termina de nacer. Algo así como estar en permanente transición.  Si interpreto bien la idea (espero que sí) Jesús dijo algo al respecto:

Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas.  Los que aman su vida en este mundo la perderán. Los que no le dan importancia a su vida en este mundo la conservarán por toda la eternidad.  Todo el que quiera servirme debe seguirme, porque mis siervos tienen que estar donde yo estoy. El Padre honrará a todo el que me sirva.

Juan 12. 24-26 NTV

(Énfasis del autor)

Luego de haber recorrido toda la semana la oración de Pablo por los creyentes y habernos detenido en cada párrafo, el Señor nos invita a examinarnos; nos desafía a creer que podemos cambiar en Él, que juntos es deseable y además posible caminar hacia el futuro inmediato con la convicción de que tenemos todo lo que necesitamos para impregnar nuestra realidad cercana con Su presencia. ¿Te animás?

 

Mónica Lemos