El Cuerpo… Un Regalo, No un Estorbo

«¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios».

1° Corintios 6:19-20 NVI 

Vivimos en una cultura que nos empuja a producir más, a estar siempre ocupados. Nos enseñan que descansar es perder el tiempo y que el cuerpo es solo un vehículo que hay que explotar al máximo. Pero ¿alguna vez te detuviste a pensar en que Dios diseñó nuestro cuerpo con un propósito?

Yo tampoco lo había pensado mucho… hasta que terminé internado por una trombosis. Al principio, me preguntaba: “Señor, ¿por qué me pasa esto? ¿Por qué no me sanás de una vez?” Pero después entendí algo clave: Dios no me estaba castigando, sino que estaba enfrentando las consecuencias de años de descuido. Había priorizado el trabajo sobre mi salud, ignorado el descanso, comido cualquier cosa y dejado el ejercicio de lado.

Nuestra fe no solo se trata del alma; también involucra el cuerpo. Dios nos dio este cuerpo no para que lo destruyamos, sino para que lo administremos bien. Pablo nos lo recuerda claramente en 1° Corintios 6.

Muchas veces nos enfocamos en cuidar nuestra vida espiritual, pero descuidamos el templo donde Dios habita: nuestro cuerpo. Si un templo está sucio, desordenado o en ruinas, difícilmente podrá cumplir su propósito. Lo mismo pasa con nosotros.

Hoy te desafío a reflexionar:

¿Cómo estás tratando tu cuerpo?

¿Lo ves como un regalo de Dios o como una herramienta de uso y desgaste?

¿Cómo podrías empezar a honrar a Dios con tu cuerpo?

No se trata de volverte un obsesionado con la salud, sino de entender que cuidar tu cuerpo es también un acto de adoración.

 

Jonny Lewczuk