“Acompañando el estudio de las parábolas en las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos diferentes temas basados en dichas parábolas también desde nuestros devocionales”.
Pedro se acercó a Jesús y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete —contestó Jesús—.
Mateo 18: 21y 22 (NVI)
Este diálogo ente Jesús y Pedro se da en un contexto particular y nos ayuda a profundizar en la parábola de los deudores que veremos en las redes.
El capítulo 18 de Mateo comienza con una pregunta. Los seguidores del Señor querían saber quién era el más importante en el reino de los cielos. Esta inquietud revela lo que había sus corazones ¿estarían pensando qué tendrían que hacer para lograr ese lugar de honor? Jesús llamó a un niño, lo puso como ejemplo y los confrontó con la única condición: ¡tenían que volverse como ellos! Para alcanzar la grandeza había que volverse pequeño. En otras palabras, el orgullo debía dejar paso a la humildad.
Luego los exhortó a no hacer tropezar (pecar) a nadie para que se cumpliera el deseo del Padre de que ninguno se pierda. A continuación, planteó cómo se debe proceder cuando un hermano peca contra otro. Más que una regla rígida de pasos que se deben seguir, el objetivo de Jesús es que se procure la reconciliación en las relaciones por todos los medios posibles. Esa es la condición para la promesa que sigue y que a todos nos encanta:
» Además les digo que, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Mateo 18: 19 y 20 (NVI) (Énfasis del autor)
Ahora bien, es muy difícil lograr ese acuerdo si hay ofensas sin resolver entre nosotros. La vida cristiana se desarrolla en comunidad y si las relaciones rotas no se restauran La comunión se rompe. Podemos recurrir a algunos “atajos” humanos como negar el conflicto; esquivar a la persona; fingir que todo está resuelto, etc. Pero la propuesta del Señor es dejar el orgullo de lado y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para recuperar al hermano. La prioridad de Cristo es restaurar la armonía que se perdió, luego podremos ponernos de acuerdo y pedir lo que necesitamos en la certeza de que El Padre lo concederá.
Para Jesús esta dinámica de relaciones sanas es tan vital que, en otra ocasión, menciona la necesidad de reconciliarse con el hermano antes de dejar la ofrenda en el altar. Estas son las leyes del reino al que pertenecemos. Para cumplirlas, debemos tener el corazón alineado con el del Rey. Y es imposible sin el poder del Espíritu Santo.
A comenzar esta semana, pedile humildad y sabiduría del cielo a Papá para poder ser un facilitador de relaciones restauradas en tu familia y en la congregación. Trabajemos juntos para que la oración de Jesús sea una realidad entre nosotros.Yo les he dado a mis seguidores el mismo poder que tú me diste, con el propósito de que se mantengan unidos. Para eso deberán permanecer unidos a mí, como yo estoy unido a ti. Así la unidad entre ellos será perfecta, y los de este mundo entenderán que tú me enviaste, y que los amas tanto como me amas tú. Juan 17: 233 (TLA)
Mónica Lemos
