Por eso los que te amamos oramos a ti en momentos de angustia. Cuando vengan los problemas, no nos podrán alcanzar. Tú eres mi refugio; tú me libras del peligro, por eso, con voz fuerte, canto y festejo mi liberación.
Salmo 32:6-7 TLA
Es interesante pensar que cuando David bajó la guardia y se presentó ante Dios y confesó su pecado, inmediatamente recibió la palabra profética del Señor para él.
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.
Salmo 32:8
Necesitamos hacer raíces profundas para que podamos crecer con firmeza de modo tal que en los tiempos difíciles cuando sopla el viento, volvamos al lugar donde Dios nos ha plantado.
A mí me encantan las flores, tanto que les confieso que si en el cielo Dios tiene un jardín, le voy a pedir que me haga jardinero. Dios hizo a la naturaleza y le ha dado leyes y normativa. Quiero leerles algo que podemos aprender de las plantas:
“En las plantas existe un tejido vegetal que se llama meristemo que es una parte esencial del proceso a través del cual la planta crece y repara sus células. Estas células indiferenciadas tienen la capacidad de reproducirse hasta que logran diferenciarse. El meristemo define si la planta va ser capaz de desarrollar nuevas ramas, nuevas hojas, flores, raíces. Su función es tomar decisiones en base a lo que ha sido dado en esa genética.”
Aunque nosotros no seamos plantas sino seres humanos, en Cristo Jesús tenemos la posibilidad de regenerar cosas en nuestro interior, si podemos descartar y sacar de nosotros aquello que no da fruto, aquello que nos debilita.
¡Es extraordinario que la presencia de Dios y del Espiritu Santo está con nosotros y hace posible que podamos regenerar áreas de nuestras vidas que están lamentablemente estériles!
Pastor Milton Cariaga
En mi patio tengo una planta de jazmín. Durante años dio abundantes flores hasta que el año pasado, como estaba creciendo demasiado hacia arriba decidí cortar los tallos. Mi papá era experto en el cuidado de árboles, cultivaba una huerta y también sabía cuándo y cómo podar las plantas para que dieran más fruto y crecieran mejor.
Yo no tengo idea, solo veía que mi jazmín era cada vez más alto y decidí tomar la tijera de podar por mi cuenta, algunos tallos eran un poco duros así que los retorcí e hice fuerza para cortarlos como fuera. Gracias a Dios la planta no se secó, pero es el primer año que no da flores y está bastante deteriorada. Seguramente si hubiera contratado a un jardinero el resultado habría sido diferente.
Con nuestra vida sucede algo parecido: A veces podemos detectar y descartar de nuestra vida aquellas cosas que dificultan un crecimiento sano, otras veces ni siquiera somos conscientes de que necesitamos una “poda” porque todos tenemos puntos ciegos, áreas donde no vemos lo que para otros tal vez es evidente que debemos corregir.
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva. Si una de mis ramas no da uvas, la corta; pero si da uvas, la poda y la limpia, para que dé más. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho.
Juan 15: 1-3 DHH
Es maravilloso que Jesús es a la vez la vid a la que pertenecemos y quien la cuida y poda en tiempo oportuno. No es de cualquier forma o con cualquier herramienta, dependemos de la comunión y amistad con Él para que realmente demos un fruto bueno y duradero. Aunque parezca un proceso doloroso, la poda sólo hará que demos más y mejores frutos y que crezcamos más fuertes.
Jesús es quien con mano experta cuida de sí mismo… o sea de la vid y de los pámpanos, porque al estar “unidos” somos “uno con Él, como Él es uno con el Padre”, y ésta es la mejor estrategia de crecimiento.
Mónica Lemos
