Él es el centro

Yo soy la vid verdadera.

Juan 15: 1 RV 2015

La comida estaba servida, solo unas horas antes el pueblo había aclamado a Jesús al entrar en Jerusalén. Todo parecía ser fiesta y algarabía.

Seguramente los discípulos estaban exultantes, quizás hasta fanatizados por ver al Maestro ser tan reconocido.

En ese contexto de cena, recordación y mucha palabra, Jesús les dio las indicaciones que ellos debían aceptar y transmitir a todo aquel que quisiera ser cristiano.

El Señor anunció su muerte, consoló por anticipado y advirtió a quienes no le serían leales que Él lo sabía y aun así no cambiaría de plan.

Al hablarles de la vid una vez más se mostró como el soberano y la fuente de vida y a la vez mostró su deseo de unión perfecta con sus amigos y seguidores. Discípulos, amigos, aún más: hermanos.

Es impresionante pensar que el creador y sustentador del universo desea que estemos unidos, cerca, pendientes, como parte de su misma raíz y esencia. Esta es la condición para dar frutos, provocar vida y ser Su imagen.

Una unidad inquebrantable es lo que necesita un pámpano para florecer, tener un color brillante, ser visiblemente atractivo y dar fruto de buen sabor.

Por eso Jesús es “el Centro”, principio y final de nuestro nuevo nacimiento, crecimiento y restauración en tiempos de sequía.

Cuando oyeron esto, muchos de sus seguidores dijeron: «Su enseñanza es difícil. ¿Quién puede aceptarla?» Jesús sabía de antemano de lo que se estaban quejando, así que les dijo: —¿Les molesta esta enseñanza?¿Les va a molestar cuando vean que el Hijo del hombre vuelve al lugar de donde vino? 

Entonces Jesús les dijo a los doce: —¿Ustedes también se quieren ir? Simón Pedro le contestó: —Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras que dan vida eterna.

Juan 6: 60-62, 67-68 PDT

Para empezar, dice, en efecto: “Señor, hemos estado pensando en ello. Hemos investigado las alternativas. No resulta fácil vivir contigo. Tú haces que nos sintamos avergonzados, nos asustas y hay veces que no te entendemos. Vemos y te escuchamos decir cosas que nos dejan totalmente anonadados. Tú ofendes a personas que nosotros consideramos importantes. Hemos examinado varias alternativas, pero quiero decirte esto, Señor: No hemos encontrado nunca a nadie que pueda hacer lo que tú puedes hacer. ¿A quién iremos? (Ray Stedman Ministries)

No… No hay otra forma, después de haber probado realmente la amistad con Cristo vivir lejos de Él al final del camino es conformarse solo con una vida natural y sin eternidad. Es verdad que estar unido tiene sus demandas y requiere de un compromiso real, pero sólo quien experimenta Su Presencia más allá de lo emocionalmente espiritual puede decir: ¿A quién iremos…? SOLO TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA.

Ruth O. Herrera

(Basado en un sermón de Patricia N Angélica)