Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la niña: —Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?
Marcos 5: 35 DHH
(Énfasis del autor)
¿Para qué molestar más al Maestro?
La palabra «molestar» en el original griego es skullo, y significa desollar, incomodar profundamente, fatigar.
Los mensajeros llevaban una noticia de fracaso, donde la esperanza y la sanidad ya no eran posibles. A partir de esa noticia, Jairo ya era una molestia para el Maestro.
Jesús era para ellos un gran sanador de enfermos, pero no alguien que tenía poder sobre la muerte.
Para ellos, la muerte era el límite del poder de Jesús. “Dejá al Maestro tranquilo. Aceptá tu realidad».
¿Cuántas veces hemos escuchado a los «mensajeros» de malas noticias en nuestra propia vida? Ellos dicen: “Tu matrimonio ya está muerto, ¿para qué seguis orando?; tu hijo está demasiado perdido en las drogas, no tiene remedio; este diagnóstico es el final. ¿Para qué molestar a Dios? Tus finanzas están en bancarrota, es imposible salir de esta. Aceptalo. Ese sueño ministerial o profesional ya expiró. Rendite”.
Estos mensajes no siempre vienen de personas malintencionadas, sino de amigos realistas, profesionales expertos, o incluso de nuestra propia mente racional. La lógica humana nos dice que hay un punto donde ya no tiene sentido tener fe. ¿Para qué «molestar» a Dios con causas perdidas?
Pero el reino de los cielos no opera bajo la lógica humana. Donde la lógica humana pone un punto final, Dios solo está poniendo una coma.
(…) —Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro? Pero Jesús, sin hacer caso de ellos, le dijo al jefe de la sinagoga: —No tengas miedo; cree solamente.
Marcos 5: 35b-36 DHH
(Énfasis del autor)
Jairo acaba de recibir el golpe más duro de su vida. Sus rodillas se doblan a punto de caerse, su corazón se rompe, su respiración se entrecorta. La desesperación lógica está a punto de tragarlo vivo. Pero Jesús no espera a que Jairo procese la información. No le da tiempo a que la incredulidad, la amargura o la desesperanza echen raíces en su corazón. Inmediatamente, Jesús se interpone entre Jairo y la noticia. Él “intercepta” el mensaje.
En nuestra vida, todos recibimos mensajeros que traen noticias dolorosas, pero también suele sucedernos que nuestros propios pensamientos son mensajeros de tristeza, llegan repentinamente y nos sorprenden… y lo más dificil es callarlos. Por eso necesitamos llenar nuestra mente de las promesas y de las palabras de fe que Jesús pronunció. Sellar nuestras emociones con la permanente voz de Jesús que nos dice: “No tengas miedo… creé y volvé a creer, no te suelto”
Ruth O. Herrera
