Tal vez Onésimo fue apartado de ti por un poco tiempo para que pudieras tenerlo de vuelta para siempre. Ya no vuelve como un esclavo, sino como algo más valioso que un esclavo: como un hermano querido. Yo lo aprecio muchísimo, pero tú lo apreciarás aun más, ahora como integrante de tu familia y también como hermano en el Señor. Si me consideras tu hermano en la fe, entonces recibe a Onésimo de nuevo, como si me recibieras a mí. Si Onésimo te ha tratado mal o si te debe algo, yo lo pagaré. Aquí pongo mi firma.
Filemón 1:15-17 PDT
(Énfasis del autor)
Pablo fue promotor de la unidad, el perdón, y lo hizo poniéndose como garante de Onésimo. Un hombre que había perseguido, asesinado, despreciado y abusado de los seguidores de Cristo llegó a ser un ejemplo de misericordia.
Por su propia experiencia sabía que todo ser humano es capaz de ofender, dañar, lastimar y hacer el mal. Pero también tuvo que aprender que, aunque no todos somos capaces de reconocer nuestras ofensas y malas actitudes, en el amor de Cristo es posible y real.
El Señor me dijo hace muy poco “cuanto más grande es la piedra más difícil es avanzar”.
Pablo reconoció y cambió su odio por amor y a lo largo de su vida escribió cartas a quienes cuidaba mostrándoles que es imprescindible arrepentirse, soltar la piedra del enojo, los celos, la falta de empatía y todo lo que nos aleja o impide convivir en paz. Para avanzar, caminar livianos, tenemos que deshacernos de esas piedras.
Si te sentís estancado/a, o no ves los cambios que deseás y esperás, es posible que algo te esté deteniendo… quizás sea una piedrita en el zapato.
En Pablo, el cambio fue tan radical que llegó a estar dispuesto a pagar deudas ajenas…
Este puede ser un tiempo hermoso para vivir juntos en la iglesia, sirviendo, compartiendo el obrar del Espíritu Santo. Mirando a nuestro hermano/a con ojos generosos. Asistiendo y acompañando a los que están en el proceso de cambio. Con ojos amorosos para no juzgar ni desestimar el camino de otros. Ofreciendo nuestra ayuda para el bien común.
Liderá desde tu intimidad: imitá a Cristo en tu área de trabajo. Sé humilde con sinceridad. Tratá con amor a todos. Perdoná tantas veces como te ofendan. Obrá a través de la Gracia que recibiste. Sé garante de tu hermano/a.
Ruth O. Herrera
