El más importante

Entonces los discípulos comenzaron a discutir entre ellos acerca de quién era el más importante.  Pero Jesús conocía lo que ellos pensaban, así que trajo a un niño y lo puso a su lado. Luego les dijo: «Todo el que recibe de mi parte a un niño pequeño como éste, me recibe a mí; y todo el que me recibe a mí, también recibe al Padre, quien me envió. El más insignificante entre ustedes es el más importante».

Lucas 9: 46-48 NTV

 

Entendemos más este pasaje al saber que hasta este momento los discípulos pensaban que el Reino de Jesús era terrenal, por lo que la competencia por los lugares de importancia era inevitable.

 

El hecho de que Jesús pusiera en medio de los doce a un niño, e hiciera una comparación como la que hizo, no debe haber sido muy halagador para ellos, teniendo en cuenta que en su mayoría eran adultos y bastante recios. En ese contexto una criatura no tenía el mismo valor que un hombre y hasta podía ser menospreciado. Recordemos el enojo de Jesús cuando estos mismos hombres  “les impedían a las madres acercar a sus niños”.

 

En el evangelio de Marcos este relato tiene algunos otros detalles que nos ayudan a comprender más la escena

 

Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.

Marcos 9: 33-34 RVR1960

(Énfasis del autor)

Estos hombres grandes ocuparon gran parte del viaje en discutir a espaldas de Jesús, la importancia que cada uno de ellos tenía, invirtieron tiempo en sacarle lustre a su orgullo y vanidad, en competir por la importancia y el rol que le correspondía, y esto sucedió justo después de haber visto a un endemoniado ser libre y sanado, con todo lo que ese hecho significaba.

 

Me acuerdo cuando mis hijos eran chicos y discutían o peleaban por cosas que para mí eran absolutamente absurdas. Claramente más de una vez tuve que intervenir y la mayoría de las veces uno de los dos sentía que “había perdido la batalla”. Para mi eran cosas de chicos, sin importancia casi siempre, pero ellos lo vivían como la final del mundial.

Creo que sí de inmaduros eran los discípulos en esta pelea.

 

—Maestro, por favor, mira a mi hijo, que es el único que tengo;  un espíritu lo agarra, y hace que grite y que le den ataques y que eche espuma por la boca. Lo maltrata y no lo quiere soltar.  He rogado a tus discípulos que le saquen ese espíritu, pero no han podido.

 

Cuando el muchacho se acercaba, el demonio lo tiró al suelo e hizo que le diera otro ataque; pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre. Y todos se quedaron admirados de la grandeza de Dios

Lucas 9: 38-40, 42-43 DHH

 

Después de un milagro, una demostración de absoluta soberanía de parte de Jesús, un hecho único y magnífico. Sin dejar de mencionar el tremendo cambio que esto provocó en la vida del muchacho y su padre. Parece que olvidaban el pequeño detalle que ellos no habían podido ejercer ni el poder ni la autoridad que requería dicho milagro; aun cuando ellos  ya habían recibido previamente ese poder delegado por el Maestro. …¿Por qué razón discutirían semejante asunto?

 

La distancia aproximada entre Galilea y Capernaum es de 30 km, por lo que el tiempo invertido en el debate no fue poco, más bien horas. Un grupo de hombres caminando por una ruta de tierra, y discutiendo en secreto, a sabiendas de lo que les diría Jesús.

Insisto… ¿qué sentido tenía esa disputa? ¿Qué discutían realmente? 

 

…El abismo entre lo humano y lo divino, la incapacidad para vivir en lo sobrenatural en medio de la humanidad. Ver lo tangible, esperar lo de menor importancia. Vivir demasiado con los pies en la tierra.

Buscaban un centavo en medio de un tesoro… el prestigio terrenal  en lugar de la eternidad.

Solo conociéndome a mí misma puedo entender la actitud de ellos.

 

Los discípulos nos confrontan todo el tiempo con nosotros mismos. También nos dan la esperanza de llegar a ser quienes cambiemos enfermedad por salud, tristeza por alegría, muerte por vida. Gracias a estas historias podemos decir que también somos discípulos, siempre y cuando estemos dispuestos a pagar el gran precio de cambiar.

Jesús les revelo y puso al descubierto la pobreza de sus corazones, y ellos cambiaron y llegaron a ser apóstoles del Nuevo Pacto.

 

Vos y yo tenemos el mismo llamado y la misma demanda… 

 

Hoy otra vez me quedo sin palabras y solo te invito a decir:

Gracias Jesús… “GRACIAS POR CONFIAR EN MÍ”

 

Ruth O. Herrera