Jesús entró en Jericó y comenzó a atravesar la ciudad. Vivía allí un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Éste quería conocer a Jesús, pero no conseguía verlo porque había mucha gente y Zaqueo era pequeño de estatura. Por eso corrió adelante y, para alcanzar a verlo, se subió a un árbol cerca de donde Jesús tenía que pasar.
Cuando Jesús pasaba por allí, miró hacia arriba y le dijo: —Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que quedarme en tu casa. Zaqueo bajó aprisa, y con gusto recibió a Jesús.
Lucas 19:1-6 DHH
En tiempos antiguos la vida era regida por la naturaleza. No había luz eléctrica y cuando llegaba el atardecer el hombre y la mujer terminaban con las tareas y generalmente había diálogos familiares. Se contaban historias alrededor del fuego.
Lamentablemente, nuestra vida diaria está digitada por nuestro celular, la computadora o la televisión y otras ocupaciones. Suele suceder que en nuestros hogares no se ofrece la contención que permite que cuando uno llega pueda descansar. En nuestra cultura actual no paramos.
Ahora, no estoy hablando en contra de la tecnología ni del televisor, estoy diciendo que hay otros elementos que nos predican y nos mantienen enganchados. A veces no encontramos al llegar a casa un lugar adonde “se llegó”, donde se descansa, donde se encuentra paz. Ni qué hablar cuando hay algún problema de familia.
Por eso muchas personas salen muy temprano a la mañana y regresan muy tarde a la noche porque el hogar se parece a algo así como un tiempo de conflicto.
Hay un deseo de Jesús que te quiero recordar y quisiera que pongas tu nombre en lugar del de Zaqueo en el pedido en el que dice: “hoy tengo que quedarme en tu casa”.
Pastor Hugo Herrera
Nuestra cultura occidental orientada al rendimiento y a la optimización de tiempo y recursos no permite la pausa, el descanso. Esta necesidad de trabajar siempre y estar disponibles en todo momento nos hace vivir en aceleración constante e influye incluso en el funcionamiento de nuestro cuerpo.
Trabajé durante un breve tiempo en una empresa japonesa. El presidente de la compañía nos explicaba que respetar los ciclos naturales del día y de la noche nos permitía tener una mejor calidad de vida.
Posteriormente, hace ya algunos años se descubrió que ingerir ciertos alimentos cuando el día declina engorda más que si lo hacemos a mediodía, por ejemplo. Otras investigaciones recientes demuestran que el uso de las pantallas cuando nos vamos a dormir produce trastornos del sueño e incluso insomnio. Esto disminuye nuestro rendimiento. Si no descansamos bien, el organismo no recupera fuerzas y comenzamos cansados al día siguiente.
Pretendemos rendir más trabajando sin descanso y en varias tareas simultáneamente, pero esto solo nos hace improductivos. Comer alimentos ultra procesados porque no tenemos tiempo para cocinar altera nuestro metabolismo y es uno de las principales causas de obesidad.
Del mismo modo podríamos decir que ir a las apuradas al encuentro de Jesús altera nuestra vida espiritual y nos debilita.
No solo es importante que Jesús se quede en tu casa… Es necesario que vos decidas estar presente y detenerte para escucharlo.
¿Recordás el ejemplo de Marta y María? El Señor estaba en su hogar. Las chicas, también. Pero Marta estaba muy ocupada y atareada… no podía parar. Pensaba que ella tenía que ocuparse de todo el agasajo y que María tenía que correr sí o sí del mismo modo. ¡Hasta le reclamó a Jesús que interviniera!
¿Alguna vez sentiste que si no estás ocupado, atareado hasta el agotamiento, las cosas no se harán? Esta es una tentación habitual en nuestra época posmoderna, por eso la filosofía de la productividad sin pausa es tan exitosa como tóxica.
Hoy el Señor te invita a que revises tus prioridades y si encontrás que servís de acuerdo a tu personalidad hiperactiva o si sos de aquellos a quienes le cuesta ponerse en movimiento, le pidas que te ayude a encontrar el equilibrio necesario. Para tu Señor, las personas son más importantes que la productividad.
Él quiere quedarse, pero vos tenés que estar plenamente presente.
Mónica Lemos
