Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló. La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso.
Efesios 2: 8-9 TLA
La salvación es un regalo de Dios, y nuestra vida verdaderamente necesita salvación, no solamente el hecho de que Dios nos haya librado del infierno y nos lleve a la eternidad con Él, sino también la salvación de cada día.
Llegamos a Cristo con vidas lastimadas, desilusionadas, carenciadas o rutinarias y sin sentido, a veces solo dejándonos estar o siguiendo la corriente de los tiempos, pero cuando verdaderamente le decimos que sí a Jesús, y recibimos el regalo de su salvación, ahí comienza un proceso donde tenemos nueva vida dentro de nosotros y por lo tanto “todas las cosas van siendo hechas nuevas”.
Sin duda muchas veces la “salvación de cada día”, el desarrollar el carácter y la mente de Cristo, es un proceso difícil.
Entonces Jesús les dijo a sus seguidores: —Si alguien quiere ser mi seguidor, tiene que renunciar a sí mismo, aceptar la cruz que se le da y seguirme. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, la encontrará
Mateo 16: 24-25 PDT
La salvación requiere una decisión de cada día. No es más fácil con el tiempo, no se gana por experiencia, porque Dios hace nueva todas las cosas día a día.
Necesitamos que lo que se perdió sea encontrado, lo que se hirió sea sanado, lo que se quebró sea restaurado. Sea tu vida, tu familia, sea ese niño enfermo que habita en tu corazón cada día de tu vida. Dios nos regala esta maravilla de la salvación que no solo tiene que ver con el más allá sino con el ahora.
Hay posibilidades de una vida plena y diferente en lo cotidiano, para todo aquel que la necesite, la desee y por fe la reciba, a eso se refirió Jesús cuando dijo:
…Yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y para que la vivan plenamente.
San Juan 10:10b TLA
La vida abundante se cosecha todos los días en Su Presencia, al rendirnos y dejar que el trono de nuestra vida sea solo ocupado por el Rey de reyes y Señor de señores.
Si hay cosas que ya resignaste, que creés que no pueden cambiar, el Señor abre para vos cada día la posibilidad del cambio y el renuevo, de “salvación cotidiana”. Aunque tengas muchos años de cristiano, la oportunidad en el Señor se actualiza cuando vos decidís aceptarla, Él sigue invitándote a recibirlo con ojos de asombro y alegría de niño y a compartir esa alegría con otros que también lo están necesitando.
El desarrollar Su vida en tu vida es una tarea de todos, todos los días.
