El rostro de Jesús

«El Rey les responderá: ‘Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mi»

Mateo 25:40, NVI

El apóstol Juan nos dejó una frase que, si bien cuenta con toda la lógica y el sentido común, no deja de resonar en nuestros corazones que están tan acostumbrados a tener su propia mirada de las cosas y de las personas: «… si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver?» (1° Juan 4:20).

Tenemos que reconocer que, paradójicamente en el ejercicio de nuestra fe, nos resulta mucho más natural adorar a un Dios que amamos profundamente a pesar de no haberlo podido ver jamás con nuestros propios ojos, que brindarle nuestro amor a alguien que observamos en una situación necesitada.

Lo que ya nos reveló

Es curioso que a veces pasamos tanto tiempo buscando una revelación especial del cielo para decidir qué pasos dar en respuesta a todo lo que Dios nos da, a todo lo que se merece y a todo lo que entendemos que espera de nosotros, y no lleguemos a comprender la potente realidad de pasajes bíblicos como el que nos toca analizar hoy.

Para nuestros paradigmas religiosos, posiblemente recibiríamos con más entusiasmo una indicación divina que tenga que ver con profundizar en niveles superlativos de búsqueda espiritual accediendo a una unción superior y a un conocimiento especial de los misterios futuros que una invitación clara y directa a servirlo a través de la atención a otros.

Ver más allá

Nuestra frase de hoy no está sacada de las redes sociales ni proviene de ningún pensador cristiano exagerado. Se trata nada menos que de Jesús mismo hablando en una ocasión muy puntual e histórica donde develó detalles acerca del juicio final. ¿Cómo hacemos para no darle importancia a tamaña afirmación? Dios, en la persona de su Hijo, nos dice en forma directa que determinados actos hacia otros serán tomados por Él en forma absolutamente personal.

¿Seremos capaces de ver al mismo Jesús en otras personas? Un buen punto sería cuestionarnos si nuestra verdadera estatura espiritual estará dada por el parámetro de lo que sentimos y creemos saber, o por el discernimiento necesario para ver al Rey agazapado detrás de sus «hermanos más pequeños».

No solo queremos obedecer e imitar a Cristo. Estamos convencidos de que satisfacer las necesidades prácticas y muchas veces físicas de las personas, abre sus corazones para que luego ministremos sus necesidades espirituales. Además, al hacerlo es como que les devolvemos su dignidad. Como si les recordáramos que son

valiosos, que son dignos de tener lo básico como comida y ropa porque fueron hechos a imagen de Dios. El fundador del Ejército de Salvación, William Booth, decía: «No puedes calentar los corazones de la gente con el amor de Dios si tienen el estómago vacío y los pies fríos».

Jesús camuflado

Hoy terminamos una semana en la que hemos hecho girar nuestros sentidos en torno al servicio, y volvemos a ratificar la convicción de que algunos actos sencillos pero poderosos de ayuda se convierten en profundas demostraciones de amor. El mundo espera y necesita ver ese amor traducido en hechos, más que nuestra sabiduría teológica o nuestros dones sobrenaturales.

Puede sonar un tanto fuerte y hasta quizás blasfemo para más de uno, pero de alguna manera y de acuerdo a lo que leímos en la Biblia, cada persona que conocemos es Jesús camuflado porque detrás de ellos hay un Salvador amoroso expectante por nuestra reacción. ¿Cómo lo trataríamos a Él si lo tuviéramos delante nuestro?

Recordemos esta realidad espiritual antes de cada abrazo, de cada bolsa de comida que entreguemos, de cada ropa que regalemos, de cada espacio de tiempo compartido y de cada oración efectuada. Con toda seguridad no podremos suplir todas las necesidades y carencias existentes, pero si nos dejamos guiar, desde arriba vendrán señales claras, sobre todo respecto de las cinco personas cuyos nombres se escuchan en el cielo cada día que oramos por ellos.

Acción:

Hoy vamos a efectuar acciones humildes de servicio como si estuviéramos atendiendo necesidades de Jesús.

Oración:

Pedimos por claridad y madurez espiritual para ver más allá de lo que está delante de nuestros ojos.

Oramos para no despreciar ni desestimar las pequeñas acciones hechas con amor para asistir a personas que Dios ama y valora.

Pedimos perdón por mirar de manera tan errada a personas en necesidad, incluyendo a nuestros cinco amigos.

 

Argentina Oramos por Vos