El tiempo actual

Porque él dice en las Escrituras: «En el momento oportuno te escuché; en el día de la salvación te ayudé.» Y ahora es el momento oportuno. ¡Ahora es el día de la salvación!

2° Corintios 6: 2 DHH

 

La iglesia tiene el desafío de entender y de leer las propuestas de los tiempos que corren a la luz de la fe que la fundamenta. ¿Cuál es esa fe?  

Creemos en una persona, Jesucristo. Solo Él es el que puede realizar cambios interiores que tengan consecuencias eternas en la vida de las personas y de la sociedad. Por eso lo anunciamos.

Ahora bien, los cristianos tenemos nuestras propias tradiciones, lenguaje y costumbres. No nos gusta reconocer que esto es así, lo vivimos naturalmente, pero a menudo el mensaje que predicamos mantiene la forma y la estructura de un tiempo lejano, por eso ni siquiera es entendible para aquellos que nos escuchan.

Lo bueno de esta situación es que pastores y líderes están cuestionando este modelo y buscando formas actuales de comunicar las verdades eternas de manera significativa para esta época. Se dieron cuenta, por experiencias fallidas, de que sin querer podemos contestar preguntas que nadie hace además de usar un lenguaje que no se entiende.

Un líder español con una reconocida trayectoria en el ministerio juvenil suele decir irónicamente: “Muchas veces me pregunto cómo se predicaba en 1959. Seguramente no se podía porque aún no existía la versión Reina Valera 1960” o “A veces digo: “Jesús oras mal porque no cierras los ojos. Cuando se habla de ti en los evangelios se menciona que levantabas tus ojos al cielo y hablabas con tu Padre”

Tal vez sus dichos pueden resultar chocantes, pero nos obligan a pensar porque cuestionan modelos que aceptamos como bíblicos y son solo culturales.

Los argentinos solemos dirigirnos a Dios de “tú” cuando oramos y si predicamos utilizamos el mismo pronombre para hablarle a la gente. No sé por qué lo hacemos. En nuestro lenguaje diario el trato íntimo y familiar se expresa a través del “vos”. El voseo no es tan académico, pero nos identifica…

En contraposición, los Evangelios nos muestran a un Jesús que podía llegar a la gente porque conocía la cultura, las costumbres y las utilizaba como temas de conversación para conducir a sus interlocutores a verdades espirituales profundas que de otro modo no hubieran podido entender.

A Él no le importaban demasiado las formas. Por eso podía abrir el rollo en la sinagoga y hablar con la élite religiosa de esa época y al rato ir a cenar con pecadores y recaudadores de impuestos.  ¡Hasta se atrevía a sanar en día de reposo!

Tal vez sin darnos cuenta nos hemos anclados en una etapa que a lo mejor ni siquiera hemos vivido. En 1960 yo no había nacido, no utilizo el lenguaje de Cervantes y tampoco trato de “tú” a nadie. Si me toca orar por alguien quiero que mi lenguaje se entienda, que la persona no se sienta afuera, que mis palabras puedan esbozar a un Jesús cercano, amoroso y sencillo que desea darse a conocer.

Nuestro pastor hablaba hace un tiempo de vivir “un evangelio de los ojos abiertos, que no se detiene ni se queda en el tiempo de nuestros tatarabuelos. El evangelio de hoy que es acorde al de siempre, a los principios de siempre pero que no deja de ver la realidad que nos toca vivir porque somos mujeres y hombres nacidos para este tiempo histórico”.

¿Lo pensaste alguna vez?

La fe permanece viva y es dinámica porque la provoca el Espíritu Santo de Dios. Si Jesús habita en nosotros a través del Espíritu, Él sigue siendo el mismo, capaz de romper estereotipos para poder acercarse al que necesita salud eterna.

Hoy Cristo nos anima y nos desafía a buscar nuevas formas de darlo a conocer sin traicionar la esencia de su persona.

El evangelio sigue siendo poder de Dios para todo aquel que cree. Nuestra tarea es traducirlo en un lenguaje genuino y accesible.

 

Mónica Lemos