Otro, que era uno de sus discípulos, le dijo: —Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.
Jesús le contestó: —Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.
Mateo 8: 21-22 DHH
Error… respuesta incorrecta. Detrás de esa frase se cerraron las puertas que Jesús había abierto para aquel hombre.
Déjame ir a enterrar a mi padre… Cuánto tiempo, meses, años podían pasar, o tal vez unos días, no lo aclara Mateo, pero algunos estudiosos creen que el padre no había muerto todavía. ¿no podía esperar el Maestro? El hecho es que Jesús no tenía mucho tiempo por delante, su ministerio estaba pautado y su agenda estaba completa.
Según este evangelio Jesús bajaba de la montaña, había terminado de dar un sermón magistral, una clase incomparable llamada hoy el sermón del monte, inmediatamente un hombre con lepra le pidió que lo sanara, enseguida el capitán romano le rogó por la salud de su siervo, sanó a la suegra de Pedro y ya al anochecer le llevaron a muchos enfermos y los sanó a todos. Día tras día Jesús sabía que cada decisión de quienes lo rodeaban no podía demorarse: el tiempo del Reino había llegado.
Mateo dice que este hombre era un discípulo, pero Lucas solo menciona que era otro hombre, esta diferencia me hizo pensar en que quienes somos sus discípulos podemos tener las mismas respuestas que aquellos que solo ven pasar a Jesús por el camino. Él nos invita, pero todavía no estamos dispuestos.
Antes del indeciso un escriba también le pidió seguirlo, pero la respuesta de Jesús lo confrontó y da la idea de que para ser su discípulo tenía que estar dispuesto a perder su casa, su bienestar y aceptar el no depender de su propia seguridad. El Maestro escuchaba más allá de las palabras o las promesas, y como en la parábola de las semillas veía que tan profundas eran las raíces. Seguramente este maestro de la ley tenía suficiente riqueza como para dudar en su decisión, es que seguir a Jesús debía ser prioridad pero no en la ligereza de las palabras. No sabemos su decisión final, quizás sí… quizás no lo siguió.
Lo cierto es que uno por apurado y el otro por lento, los dos debían entender que ese era el tiempo oportuno.
Los dos tuvieron la puerta abierta y la posibilidad de ser parte de milagros, tormentas calmadas, muertos resucitados, cenas y charlas íntimas…
¿Cuántas veces cerraste la puerta con tus decisiones? Yo más de una.
A quien no esta dispuesto le llueven las excusas.
Te invito a escuchar esta canción y que te des un tiempo para decidir seguir a Jesús por primera vez o una vez más. Mi oración es que puedas decir con convicción “yo lo haré, te obedeceré sin reservas”
