Y le cambió los vestidos de prisionero, y comió siempre delante de él todos los días de su vida.Y diariamente le fue dada su comida de parte del rey, de continuo, todos los días de su vida.
2ª Reyes 25:29-30 (RVR60)
“Popularmente se conoce como comida chatarra a aquellos alimentos que disponen de importantes niveles de grasas, sal, azúcares, condimentos y aditivos, y que por caso de tales componentes se convierten en irresistibles comidas para los paladares de la mayoría de la gente. Por otra parte, estos alimentos, al disponer de altas dosis de sal y de grasas, generan, a la par, en quienes los consumen, una mayor demanda de consumición de los mismos, es decir, “producen adicción”.
La comida chatarra se ha convertido en una de las opciones alimentarias más extendidas en nuestro planeta como consecuencia de su bajo costo, su acceso y preparación rápidos”. (Definición ABC)
Esta semana reflexionamos sobre el poder transformador del evangelio en nuestras vidas y también en la sociedad. Partimos del texto donde se menciona el milagro de Jesús conocido como la alimentación de los cinco mil y continuamos la historia que nos muestra la búsqueda de las personas de saciar sus necesidades por medio del Maestro.
Sabemos que Jesucristo vino para afectar y salvar de manera integral a las personas, por eso una y otra vez alimentó, enseñó, sanó y también habló palabras de vida eterna.
Su ministerio fue una continua demostración de amor sacrificial para salvación de todos los que necesitan una vida diferente. Él ofreció verdadera libertad de las prisiones interiores que nos mantienen cautivos, pero, sin embargo, aquellos que creemos en Él y lo conocemos a veces nos quedamos solamente con los beneficios terrenales y no logramos avanzar, como el apóstol Pablo escribió: “yo prosigo a la meta”.
No es fácil mantener una disposición constante de exponernos a los cambios que el Señor quiere hacer en nosotros, para que podamos realmente vivir una vida de Reino.
¿Por qué este devocional comienza hablando de la comida chatarra? Porque Jesús se definió como el verdadero alimento.
Él es quien realmente sacia para siempre, y nosotros fácilmente nos acostumbramos a los sustitutos rápidos que aparentemente nos alimentan con una apariencia atractiva, como opciones baratas, de fácil acceso y preparación rápida.
Los médicos cada vez hablan más de “comer sano”, porque hacerlo todos los días no siempre es sinónimo de salud.
¿Cuál te parece que sería el equivalente espiritual de esta clase de “comida rápida”?
Yo pude identificar con los años algunos equivalentes en la comida espiritual, varios, muchos… ¿Qué tienen en común? Son accesibles, atractivos y casi no requieren esfuerzo, pero no siempre es la comida adecuada para tu crecimiento espiritual.
Hoy hay mucha comida a través de las redes sociales pero no todas sacian y dejan un vacío… no nutren. Cuando te das cuenta, aunque comiste tu ración diaria igual estás debilitado y tu crecimiento no es suficiente o real. No hay cambios duraderos. Estás detenido, debilitada.
Dios tiene una dieta balanceada para vos, adecuada para tu realidad y que te impulsa y fortalece para servir a otros y ser realmente de bendición. Como dicen popularmente: “no hay como la comida casera”, la mesa familiar en la iglesia en la que Dios te sembró.
La comida Real (de realeza) es la que solamente el Rey puede darte y es la única que te permite crecer fuerte y sólido, de manera que cuando lleguen los desafíos que pongan a prueba tu fe puedas hacerles frente, no como aquel que tiene todo resuelto y nunca se equivoca, sino como el cristiano que es consciente de que el Rey le ha quitado sus vestidos de prisionero y le ofrece Su comida todos los días de su vida.
¿De qué o de quién te estás alimentando? ¿Cómo podrías hacer cambios en tu dieta?
Podés cumplir tu ritual de escuchar música cristiana, leer y asistir a los cultos, pero realmente no ser transformado, cambiada por el Espíritu cada día.
Mónica Lemos
