Elegir la Gracia

 «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.»

Romanos 12:18 RVR1960

Vivimos en un mundo lleno de ruido, conflictos, opiniones divididas y corazones heridos. En medio de todo eso, el llamado del Evangelio suena claro y directo: vivir en paz con todos. No dice “con los que te caen bien” o “con los que piensan igual que vos”. Dice con todos. Y eso nos presenta un desafío espiritual y emocional que solo puede ser afrontado con la ayuda del Espíritu Santo.

La paz no es simplemente la ausencia de guerra o discusiones. La paz que Dios desea que vivamos es shalom, una palabra hebrea que significa integridad, plenitud, bienestar, armonía. No es simplemente evitar conflictos, sino ser instrumentos de reconciliación, personas que reflejan el carácter de Cristo en todas sus relaciones.

¿Y si el otro no quiere estar en paz conmigo?… “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros…” El apóstol habla de responsabilidades. Eso significa que la paz no siempre será posible, pero nuestra responsabilidad es hacer todo lo que esté a nuestro alcance. No podemos controlar el corazón de los demás, pero sí el nuestro.

Dios no nos pide que obliguemos a otros a reconciliarse, pero sí que no guardemos rencor, que perdonemos y que estemos “siempre dispuestos” para restaurar las relaciones cuando sea posible.

Hay personas que rechazan nuestra paz, nos confrontan, no están de acuerdo con nosotros, y es muy difícil no entrar en conflicto. Pero aun así, estamos llamados a vivir sin odio, sin resentimiento y con un corazón libre y obviamente orando por quienes nos resisten.

Lo que nadie puede evitar es que en esas situaciones oremos entregando la carga a Dios para seguir caminando en su Gracia. Elegir la Gracia, trabajar y batallar con nuestros pensamientos, emociones y reacciones para que el amor inexplicable de Papá se haga carne en nosotros.

Jesús fue llamado el Príncipe de Paz y su vida y ministerio estuvieron marcados por un profundo compromiso con la paz, la que manifestó y enseñó.

«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.»

Mateo 5:9 RV60

No dijo “los que evitan el conflicto” sino los que trabajan activamente por la paz. Eso implica perdonar, tender puentes, buscar entendimiento y, a veces, ceder nuestro orgullo para ganar una relación. Jesús perdonó a quienes lo traicionaron, comió con pecadores y abrazó a marginados. Su paz no era pasiva, era un fuego manso que transformaba corazones. Nuestro amado vivió eligiendo mostrar la Gracia… y nos pide lo mismo.

 

Ruth O. Herrera