Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.
Filipenses 2: 5-8 NTV
El ser humano, en su estado natural, busca constantemente expandirse. Desde las redes sociales, películas, series… se habla del deseo de ser ilimitados. La idea es la omnipotencia. Sin embargo, en la Escritura encontramos al creador del universo y una historia que va exactamente en la dirección opuesta. Un Dios que lo llena todo y decidió no aferrarse a Su grandeza, eligió hacerse pequeño. Limitarse.
Con nuestra mente tan finita no podemos comprender lo asombroso del nacimiento natural de Jesús. Dejó su gloria para que su transformación sea la de “encerrar su majestad en un cuerpo limitado”, y esa misma perfección es la que hoy nos transforma a Su Imagen.
Jesús dejó su gloria para que nosotros podamos ser engendrados en el cielo y podamos llamar al Dios Majestuoso “Papá”.
Se despojó de su naturaleza de gloria para que nosotros pudiéramos adquirirla.
El diseño original fue perfecto. Fuimos diseñados para reflejar a Dios, hechos a su propia imagen, esa era nuestra identidad. Éramos los portadores de Su imagen en el mundo. Pero el hombre y la mujer convirtieron lo perfecto en imperfecto.
Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.
Santiago 1:12 NTV
Jesús, que tenía el derecho absoluto a toda la gloria del universo… abrió Sus manos y soltó la corona para que la recibiéramos nosotros.
Hoy nuestras vidas dejan de ser naturales para fecundar la gloria de Cristo en nosotros y a través de nosotros.
El apóstol Pablo, escribiendo a la iglesia en Filipo desde una prisión, plasma uno de los poemas teológicos más hermosos, profundos y transformadores de toda la historia humana y nos invita a mirar, aunque no claramente, la eternidad. No hay manera, no podemos dimensionar el acto de amor incontenible de Jesús. Tampoco podemos realmente comprender lo que recibimos en ese acto de renuncia.
Creo que solo frente a Él, cara a cara, nuestro cuerpo y entendimiento glorificado va a ver realmente lo que nos cedió.
Porque los conocimientos y la profecía son cosas imperfectas, que llegarán a su fin cuando venga lo que es perfecto.
Ahora vemos de manera indirecta, como en un espejo, y borrosamente; pero un día veremos cara a cara. Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día conoceré a Dios como él me ha conocido siempre a mí.
1 Corintios 13: 9-10, 12 DHH
Ante semejante amor, una realidad que nos supera, las personas que están a nuestro alrededor, tienen que percibir algo de esa gloria, que les pase algo cuando están con nosotros… Eso que sucede cuando somos transformados de gloria en gloria. La identidad y marca de Dios deben ser visibles en nuestras actitudes y palabras.
Ruth O. Herrera
