Al oír las palabras de la ley, la gente comenzó a llorar. Por eso el gobernador Nehemías, el sacerdote y maestro Esdras y los levitas que enseñaban al pueblo les dijeron: «No lloren ni se pongan tristes, porque este día ha sido consagrado al Señor su Dios». Luego Nehemías añadió: «Ya pueden irse. Coman bien, tomen bebidas dulces y compartan su comida con quienes no tengan nada, porque este día ha sido consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza».
Nehemías 8:9 y 10 (NVI)
Este texto nos trae un poco de historia del pueblo de Dios. Aquí el libro de Nehemías nos cuenta un momento en donde las murallas ya estaban levantadas y entonces se dirigen al pueblo Esdras, Nehemías y los levitas. Es muy interesante que al oír las palabras de La Ley el pueblo se puso a llorar casi al unísono. ¿Cómo gestionar esas emociones? ¿Porque Esdras, Nehemías y los levitas les dijeron: “no lloren”… Cómo no iban a llorar? por supuesto ellos le dijeron esto porque había un motivo para dejar de llorar.
El saber gestionar las emociones es muy importante porque no expresarlas trae más problemas que poder ponerlas afuera. Cuando no sabemos hacerlo el cuerpo manifiesta síntomas y se enferma.
Dejar que las emociones fluyan es algo muy importante, ahora, cuando hemos hecho de nuestras emociones un estereotipo de vida, es decir cuando nos hemos instalado en una emoción determinada, por ejemplo hemos “decidido” estar tristes, aunque no lo entendemos así estamos atados a ese sentimiento sin darnos cuenta. Entonces necesitamos aprender a equilibrar o a limitar las emociones.
Sos una persona creada por Dios con un propósito y en este tiempo más que nunca tenés que comprender que debes gestionar tus emociones. Y cuando aparece la angustia, cuando hay algo que se repite en nuestra vida, poder entender esas emociones y poder saber qué hacer con ellas es muy importante.
Pastor Hugo Herrera
El pueblo del Señor estaba en un tiempo muy especial. Después de muchos años de exilio y desarraigo volvían a su ciudad, reconstruían las murallas y ya podían volver a habitarla. Como si fuera poco ¡Escuchaban de nuevo la Palabra de Dios! la Ley de Moisés era fundacional para ellos. Dios, al constituirlos como nación les había dado leyes.
Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se reunió en la plaza que está frente a la puerta del Agua y le pidió al maestro Esdras traer el libro de la ley que el Señor le había dado a Israel por medio de Moisés. Así que el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras llevó la ley ante la asamblea, que estaba compuesta de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender la lectura, y la leyó en presencia de ellos desde el alba hasta el mediodía en la plaza que está frente a la puerta del Agua. Todo el pueblo estaba muy atento a la lectura del libro de la ley.
Nehemías 8:1-3 (NVI)
Por unanimidad le habían pedido a Esdras que les trajera el libro de la ley y habían estado escuchando atentamente su lectura desde el alba hasta el mediodía. Los israelitas en ese momento volvían a estar en contacto con lo que les daba identidad como nación. Ellos lloraban seguramente porque en su interior se entremezclaban emociones contradictorias, por un lado la alegría de habitar nuevamente la ciudad y, por otro, también la tristeza que les producía tomar conciencia de cuánto se habían alejado de las ordenanzas del Señor. En esta situación Nehemías, Esdras y los levitas les hacen una doble recomendación: «No lloren ni se pongan tristes”
¿Es que acaso alguien puede decirte cuál debe ser tu estado de ánimo? No. Lo que sentimos se manifiesta, de una u otra manera… entonces ¿Qué significa en este contexto esto de “gestionar nuestras emociones”?
La palabra gestionar significa, en una de sus acepciones, manejar o conducir una situación problemática. (DLE Diccionario de la lengua española).
En este caso específico, gestionar las emociones significa manejarlas, gobernarlas, conducirlas… no dejar que se apoderen de nosotros y nos dominen.
Un largo proceso había terminado y la lectura de la Palabra les recordaba que Dios había sido fiel en cumplir sus promesas, a pesar de los errores y extravíos del pueblo. Por eso había motivos para dejar atrás el llanto y la tristeza. Era tiempo de celebrar al Señor.
Después de una larga y oscura noche, que duró muchos años, por fin comenzaba un nuevo día para ellos.
Pues su ira dura solo un instante, ¡pero su favor perdura toda una vida! El llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría.
Salmos 30:5 (NTV)
Si estás atravesando una noche muy larga y tu llanto sigue subiendo hacia tu garganta, el favor del Señor que dura toda la vida te acerca la alegría envuelta en una mañana, un día para volver a comenzar. Goberná tus emociones, conducilas hacia el día que el Señor ha preparado para vos. Este es el tiempo.
Mónica Lemos
