En proceso

“Más no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.”

Juan 17: 20-24 RV1960

(Énfasis del autor)

Desde el principio, los discípulos experimentaron todo tipo de emociones y momentos de alegría e incertidumbre al seguir a Jesús. Cada día vivían algo inesperado, el Maestro sabía que cada uno, de manera particular, lo transitaba diferente. Cada experiencia los enfrentaba a la disyuntiva de creer frente a una realidad hostil.

Aun después de la crucifixión el desafío era estar unidos esperando la promesa cuando parecía que todo había fracasado. Tuvieron que transitar ese tiempo de angustia mientras confiaban en lo que Él les había dicho que iba a suceder, luchando con la frustración de no ver lo que soñaban.

Jesús les enseñó de todas las maneras posibles a vivir en la expectativa del evangelio, ellos no siempre lo entendieron, pero el Maestro no se dio por vencido. Eligió hombres comunes para una tarea sobrenatural y puso su confianza en ellos sabiendo exactamente quiénes eran.

¿Pudo Jesús sentirse decepcionado? Creo que más de una vez, y aun así compartió su gloria con ellos. No se planteó si valía la pena su misión y delegó su autoridad y poder en ellos. Jesús vivió como hombre, por eso conoce al hombre; él sabía en Getsemaní, al orar por sus discípulos y los que vendrían, lo difícil que sería para él la cruz y para nosotros estar en el centro de Su perfecta voluntad.

El Señor no se frustra. Es verdad que no siempre lo agradamos, cumplimos sus sueños, caminamos en su voluntad, o nos damos por vencidos frente a la tentación; pero sabe bien cómo es nuestra naturaleza, que sucumbimos frente a ciertas presiones y nos desalentamos por nuestro sentido de culpa. 

Aunque el camino en Cristo es una constante lucha entre Sus deseos y los nuestros, no nos ve como fracasados, Él sabe que es un duro proceso, y en su inmensa visión, no solo ve tu lucha y la mía, también ve cada nueva oportunidad de seguir batallando y nos respalda. 

Si estás desgastado/a o alejado/a, Él te sigue esperando, te anhela y apuesta por vos continuamente, vuelve a llamarte y a dar tiempo al tiempo. Su ambición era y es tenerte cerca para inspirarte confianza; está absolutamente interesado en vos.

Hoy, sencillamente, pensá en el Maestro y recordá que dio todo, dejó su gloria, y vino a darnos vida.
En Dios, el agotamiento, la tristeza, las dudas y la espera, siguen siendo puertas entreabiertas para encontrar su abrazo y su plan. Seguí luchando desde lo espiritual, para cambiar lo natural.

 

Ruth O. Herrera