Daniel, Ananías, Misael y Azarías fueron cuatro de los jóvenes seleccionados, todos de la tribu de Judá. El jefe del Estado Mayor les dio nuevos nombres babilónicos:
A Daniel lo llamó Beltsasar. A Ananías lo llamó Sadrac. A Misael lo llamó Mesac. A Azarías lo llamó Abed-nego.
Entonces Daniel habló con el asistente que había sido designado por el jefe del Estado Mayor para cuidar a Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y le dijo: «Por favor, pruébanos durante diez días con una dieta de vegetales y agua.
Daniel 1: 6-7, 11-12
Muchas de las historias que nos relata el libro del profeta Daniel son un canto de amistad y te invito a que juntos seamos inspirados a pensar acerca de nuestra capacidad de ser amigo, amiga.
Daniel y sus amigos estaban absolutamente unidos en el reto de compartir la misma fe y vivir en la identidad que Dios les había dado.
Fueron exiliados, arrancados de sus familias y costumbres a un reino extraño y fue en ese tiempo difícil que Daniel, Ananías, Misael, Mesac y Azarías se pusieron de acuerdo para respaldarse y sostenerse como si fueran uno.
En el exilio estos amigos y compatriotas descubrieron el poder de estar “unidos y de acuerdo”. Enfrentaron juntos situaciones peligrosas, pero la fortaleza de Dios se manifestaba en la amistad.
Contrariamente el rey, el hombre poderoso, el conquistador no tenía amigos ni compañeros, ni consejeros que lo socorrieran o se acercaran a él sin miedo.
Una noche, durante el segundo año de su reinado Nabucodonosor tuvo unos sueños tan desconcertantes que no pudo dormir. Mandó llamar a sus magos, brujos, hechiceros y astrólogos, y les exigió que le dijeran lo que había soñado. Cuando se presentaron ante el rey, les dijo: —He tenido un sueño que me desconcierta mucho y necesito saber lo que significa. Entonces los astrólogos respondieron al rey en arameo: — ¡Que viva el rey! Cuéntenos el sueño y nosotros le diremos lo que significa. Pero el rey respondió a los astrólogos: —Les digo esto en serio. Si no me dicen lo que soñé y lo que significa, ¡los haré despedazar y convertiré sus casas en un montón de escombros!
Daniel 2: 1-5 NTV
Este era el rey más poderoso de su tiempo, pero paradójicamente Nabucodonosor había estado perturbado y sin dormir casi un año, y eso le quitaba la paz a cualquiera.
La situación era grave, y esto lo llenaba de ira, violencia y un alto grado de obsesión. Había llegado al límite y su capacidad de espera se había agotado. Necesitaba con urgencia una solución definitiva. Buscaba respuestas urgentes: ¿porque soñaba, porque no dormía? El rey estaba desesperado.
¿Por qué Nabucodonosor habrá esperado tanto para buscar ayuda?
El rey buscó la solución para su problema y en su desesperación recurrió a quienes solía consultar, pero eran las personas equivocadas y casi de antemano declaro no fiarse de ellas.
Tenía un problema muy serio, si él estaba perturbado finalmente su reino caería. Pero no encontró nadie en quien confiar, o que lo ayudara. ¡Ni bajo amenaza aquellos que tenían que aliviar su conflicto pudieron hacerlo! Estaba solo con su gran problema.
Es claro que Nabucodonosor no tenía el apoyo o ayuda de un amigo.
Hay cosas que no entendemos y nos inquietan hasta desbordarnos, y que importante es entonces tener cerca personas en las que confiar y sentirnos respaldados.
El hombre que tiene amigos debe ser amistoso, y amigos hay más unidos que un hermano.
Proverbios 18: 24 RVR 1995
La verdadera amistad es mencionada en La Palabra como un regalo…
Sobre toda intranquilidad tener un amigo, una amiga que entiende nuestra situación hace la diferencia en días difíciles. Y los que hay que celebrar… ¡qué mejor que hacerlo con amigos de verdad!
Tener amigos es el resultado de “ser amigo”, de cargar y soportar cargas ajenas como propias, de llorar y empatizar en el duelo. Ser amigo, tener amigas es plan de Dios.
La oración y la unidad de los hermanos y amigos es una fórmula poderosa para alcanzar metas y enfrentar desafíos. Y si la fe en Cristo es parte de esa unidad la amistad será más sólida y confiable.
Aun así, si estás pasando un mal momento, si en tu preocupación te sentís solo, si no tenés alguien en quien confiar, descansa en Cristo. Él se manifiesta a nosotros como nuestro amigo. Él lo dijo y lo mostró: su amistad llegó a la máxima expresión
Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
Juan 15: 13 RVR 1960
Ruth O. Herrera
