Allí estaba el pozo de Jacob, donde Jesús se sentó porque estaba cansado de caminar. Era casi el mediodía. Los seguidores se habían ido al pueblo a comprar comida. Mientras tanto, una mujer samaritana vino a sacar agua y Jesús le dijo: —Dame un poco de agua. La samaritana le dijo:
— ¿Por qué me pides agua si tú eres judío y yo soy samaritana?
Juan 4: 6-9 DPT
Solo con leer este relato se descubre la capacidad que Jesús tenía para iniciar una conversación aun con personas con las que otros no se relacionaban.
Esta historia encierra una profunda enseñanza de tolerancia, porque lo que Jesús hace es más que relacionarse con esta mujer, sino también, sembrar un espíritu de perdón y unidad entre personas que se trataban como enemigos. No solo en este pasaje se ve esta rivalidad a la que Jesús se enfrentó.
Cuando ya se acercaba el tiempo en que Jesús había de subir al cielo, emprendió con valor su viaje a Jerusalén. Envió por delante mensajeros, que fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque se daban cuenta de que se dirigía a Jerusalén. Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: —Señor, ¿quieres que ordenemos que baje fuego del cielo, y que acabe con ellos? Pero Jesús se volvió y los reprendió. Luego se fueron a otra aldea.
Lucas 9: 51-56 DHH
(Énfasis del autor)
En el pasaje de Lucas vemos como los samaritanos no querían ningún tipo de contacto con los judíos, y hasta le negaron la ayuda a Jesús, y fue tan bruscamente que provocaron la ira de los discípulos.
En este contexto la actitud del Señor, al encontrar a la mujer de samaritana, muestra un alto grado de aceptación y una excepcional capacidad para relacionarse a pesar de los obstáculos. Jesús provocó el dialogo con la mujer de tal manera que provocó en ella interés para continuar con la charla. Busco un tema en común, algo muy difícil entre ellos, y “el agua” dejó de ser un pretexto para ser un vínculo.
La capacidad de Jesús para comenzar una relación se ve con gran claridad en este pasaje.
Cuando se criticó a Abraham Lincoln por ser demasiado cortés con sus enemigos, y se le recordó que su deber era destruirlos, dio esta gran respuesta: “¿No los destruyo al hacerlos mis amigos?”
George Gallup, periodista, matemático y estadístico estadounidense menciono en un discurso seis necesidades que todo hombre y mujer tienen de manera innata para aceptar, convivir y ponernos en el lugar del otro:
- La necesidad de creer que la vida tiene significado y propósito
- La necesidad de una comunidad y relaciones profundas
- La necesidad de ser apreciado y respetado
- La necesidad de ser escuchado y de escuchar
- La necesidad de crecer en la fe
- La necesidad de ayuda práctica para desarrollar una fe madura.
Aunque un hombre esté totalmente equivocado no debemos mirarlo como un enemigo que debe ser destruido, sino como un amigo perdido que debe ser recuperado por el amor. Comenzar o mantener relación con quienes tuvimos o tenemos conflictos es extremadamente difícil, y seguir el ejemplo de Jesús, no siempre nos es fácil. Pero no debemos perder de vista que esto también es parte de nuestro llamado… es nuestro desafío a ser provocadores de buenas obras.
Ruth O. Herrera
