» Si de un tronco viejo sale un retoño, también de la familia de David saldrá un nuevo rey. El espíritu de Dios estará sobre él y le dará sabiduría, inteligencia y prudencia. Será un rey poderoso, y conocerá y obedecerá a Dios.» No juzgará por las apariencias, ni se guiará por los rumores, pues su alegría será obedecer a Dios. Defenderá a los pobres y hará justicia a los indefensos. Castigará a los violentos,
y hará morir a los malvados. Su palabra se convertirá en ley. Siempre hará triunfar la justicia y la verdad.» Cuando llegue ese día, el lobo y el cordero se llevarán bien, el tigre y el cabrito descansarán juntos, el ternero y el león crecerán uno junto al otro y se dejarán guiar por un niño pequeño. La vaca y la osa serán amigas sus crías descansarán juntas, y el león y el buey comerán pasto juntos. El niño jugará con la serpiente y meterá la mano en su nido. En la Jerusalén de aquel día no habrá nadie que haga daño, porque todos conocerán a Dios, y ese conocimiento llenará todo el país, así como el agua llena el mar.» Cuando llegue ese día subirá al trono un descendiente de David,
y juntará a todas las naciones. Su país alcanzará la fama y el poder.
Isaías 11:1-10 TLA
(Énfasis del autor)
“Una de las maneras en que Dios les hablaba a sus profetas eran analogías y metáforas para decir y expresar algo, por eso los símbolos bíblicos nos traen revelación de aquello que desea comunicar.
Lo que Isaías vio claramente a través del retoño es que vendría un Mesías, y que su reinado no sería como el reinado de cualquier libertador. Sería diferente, produciría un equilibrio en la vida de las personas, provocaría una reconciliación, antes prácticamente ni soñada, una confianza diferente. Esto lo muestra claramente al usar los símbolos del lobo en paz con el cordero, del tigre y el cabrito, o el león y el becerro como animales dóciles capaces de ser guiados por un niño.
Dios daba su Palabra de que serían una nación donde el más fuerte no se abusa del débil.
Cristo vino a redimirnos y provocar “reconciliación”, porque por el primer Adán entró la muerte, pero por el segundo Adán que es Cristo entró la vida.
Hay un constante llamado de Dios a nuestras vidas a volver al equilibrio, a que desarrollemos la capacidad de que en vida podamos solucionar conflictos que nosotros mismos hemos provocado y sanar incluso nuestras relaciones con los demás, hasta las más difíciles.
La injusticia es moneda corriente porque el fuerte se abusa del débil, y en verdad el lobo se come al cordero. Muchas veces sufrimos situaciones límites que callamos y nos mantenemos viviendo en un silencio que enferma. Pero Jesús viene a establecer Su reinado sobre nuestra vida, a restituir nuestra confianza. Él tiene para nosotros un diseño perfecto… Su imperio es de equilibrio, de respeto, de amor y es lo que hoy quiere establecer en nosotros.”
Pastor Hugo H. Herrera
Cada uno de nosotros es un poco lobo y cordero a la vez. Sufrimos un desprecio que nos lastima e ignoramos al minusválido al instante siguiente. Nos cuesta vernos de esta manera, pero la humanidad es así. ¿Y ahora qué? ¿Cómo resolvemos este problema? Jesús vino a remediar esta cuestión. Él nos dio una nueva identidad, una nueva manera de pensar. Es por Él que de nuestra sequedad brotan retoños de esperanza.
Te propongo una oración final para que este sea un día en el que te determines a vivir en su justicia plena…
Señor, deseo tu gobierno, que tomes el control de mi corazón, emociones, sentimientos y decisiones. Que pueda ver como vos, más allá de las apariencias y rumores, y saber cuál es mi identidad verdadera, aquella que tenés diseñada de manera perfecta.
Deseo tu gobierno en mi matrimonio para ser reflejo del amor de Cristo y mostrar con genuina alegría el desarrollo de la vida conyugal. Deseo tu gobierno en mi familia, que transmita a mis hijos tus valores; aun siendo adultos, para que sepan respetar las diferencias y no permitir ni sumarse al abuso del más débil. Deseo tu gobierno, ese reino que es locura, según las reglas del mundo moderno, y que Cristo vino a establecer, porque creo que es el diseño perfecto del Padre. Amén
Ruth O. Herrera
