Equilibrio

Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida.

Gálatas 5:16a (NTV)

El Espíritu quiere tener plena libertad para guiarnos. Para poder disfrutar de un nuevo tiempo necesitamos permitírselo. Vivimos en un contexto cambiante y ambiguo. Todo se cuestiona y se transforma, pero aún no entendemos cómo. ¡Dios desea irrumpir con su poder! Su Palabra es vida y Su promesa es darnos seguridad.

Toda palabra de Dios es perfecta y él da seguridad a los que lo buscan.

Proverbios 30:5 (PDT)

El Señor quiere transformar vidas y cambiar realidades, pero es imprescindible que la percepción de que habitamos en Su presencia nos impregne. El profeta Elías desarrollaba su ministerio en esta convicción. Por eso declaraba que afectaría la realidad natural de su época. 

Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.

1 Reyes 17:1 (RVR60)
(Énfasis del autor)

Cada vez que leo este pasaje pienso: “si no fuera porque reconoce en primer lugar su dependencia de Dios, sus palabras sonarían arrogantes”. Es cierto que su misión fue muy específica, pero el principio es transferible. ¡Podemos estar continuamente en la presencia del Señor! Para eso nos ha dejado su Espíritu.

 Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida.

Gálatas 5:25 (NTV)

Se trata de aprender a vivir en ese delicado equilibrio entre ver la realidad natural sin dejar de percibir la realidad divina que puede afectarla: en lo cotidiano, en todos los aspectos de la vida. Nuestra fe crece cuando entrenamos nuestros sentidos espirituales y seguimos aprendiendo a conocer a Aquel que todo lo puede. 

Alguien a quien quiero y admiro escribió hace tiempo una canción. En el estribillo dice: “Sé Quién eres, creo en ti, te creo a ti. Confío en las intenciones de tu corazón, vivo en tu paz porque yo sé Quién eres”. La puse como tono de llamada en mi teléfono móvil. Yo necesito que esas declaraciones sean una realidad constante en mí. ¿Y vos?

 

 

Mónica Lemos