Ustedes saben que el grano de trigo no produce nada, a menos que caiga en la tierra y muera. Y si muere, da una cosecha abundante.
Juan 12:24 TLA
Sea cual sea tu historia, cualquier marca, recuerdo, dolor o circunstancia, el Espíritu Santo puede moldearte para que seas de muchísima bendición. Fuiste llamado(a) para reflejar la imagen de Cristo.
Dios hace nuevas todas las cosas…
Jesús le dijo: —Te aseguro que si una persona no nace de nuevo, no podrá ver el reino de Dios.
Juan 3:3 TLA
Este no es un mensaje solo para aquellos que no conocen al Señor Jesús en intimidad, porque en la vida cristiana muchas veces debemos atravesar duelos por lo que ha pasado y enfrentar lo nuevo que viene. La vida cristiana nos desafía constantemente. Es un continuo proceso de muerte y resurrección. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no puede dar fruto. Nosotros, si verdaderamente estamos vivos en Cristo, siguiéndolo y sirviéndolo, viviremos esa experiencia: morir a lo viejo para abrazar lo nuevo.
Pastor Hugo H. Herrera, 2015
¡Hoy te es necesario nacer de nuevo! Aunque tengas años de servicio, experiencia eclesiástica, propósito y metas, necesitas una vez más recibir algo nuevo, renovarte en Cristo.
Pero Jesús le dijo: Nadie que, después de poner la mano en el arado, mira atrás, es apto para el reino de Dios.
Lucas 9:62 LBLA
Para reconocer los tiempos en los que Dios quiere invertir algo nuevo en sus hijos, debemos estar dispuestos a soltar los pensamientos y costumbres que hemos sostenido por tanto tiempo y permitirnos creer que algo mejor está por venir. Nuestro Padre renueva sus bondades cada día para nosotros y hace reverdecer en nosotros sus mejores ideas. Pero si no soltamos lo bueno, no podremos recibir lo mejor ni conocer su perfecta voluntad.
Todo es distinto cuando nuestra mirada cambia. Si contemplamos la vida desde la perspectiva de Dios, lo que antes parecía sin sentido, sin color y sin vida, refleja una hermosura incomparable. ¡Qué hermoso sería poder mirar a través de los ojos de nuestro Señor! Descubriríamos una visión distinta de la que actualmente tenemos. Entonces nuestra oración cambiaría: le pediríamos que abra los ojos de nuestro corazón para poder ver desde su perspectiva y así reflejar al mundo su amor.
¿Realmente estamos listos para ver su gloria?
Llegará el día en que lo veremos cara a cara y conoceremos cómo Él nos ve, pues «conoceremos como fuimos conocidos».
Si aún no estás preparado, todavía hay tiempo. ¿Qué verá Él en tu corazón?
«Muéstrame tu Gloria» – Marco Barrientos (Págs. 52-53)
Ruth O. Herrera
