Es todos los días

 Él les contestó: —Solo el Padre tiene la autoridad para fijar esas fechas y tiempos, y a ustedes no les corresponde saberlo; pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra.

Hechos 1: 7-8 NTV
(Énfasis del autor)

La promesa de Jesús a sus discípulos trascendió los siglos y aún hoy se sigue cumpliendo en cada seguidor e hijo de Dios.  

…Recibir. ¿Cuál sería la razón para que no recibieras un gran regalo? ¿Por desconfianza? ¿Por orgullo? ¿Por no quedar comprometido con quien lo da?

Parecen preguntas casi sin sentido, pero así vivimos muchas veces las promesas de Dios, nos resistimos a bendiciones porque no vienen en el envoltorio que esperábamos o porque las respuestas no llegan como queríamos. 

Jesús te prometió y te convoca… “vas a recibir poder sobrenatural y después tenés que bendecir a otros”, una promesa con una demanda.

¡Cuántas cosas nos ha mostrado el Señor! Hemos visto sanidades, recibido revelaciones y manifestaciones de Dios que nos hablaron de que verdaderamente Él está aquí y está presente. Pero hay otras cosas que no hemos vivido y que el Espíritu Santo va a provocar y va a cumplir en tu vida. Necesitamos vivir con la expectativa del obrar de Dios “todos los días”.

Cuando aprendés a aceptar Sus promesas, ellas van a comenzar a afianzarse en tu vida. Empezarán a aparecer obras diferentes, inclusive en aquellos que hace poco tiempo son parte de la familia de la fe y tienen poca instrucción teológica. 

Jesús no clasificó a los discípulos y seguidores por los más entendidos o menos calificados. La promesa, el poder y la autoridad les fue entregada a todos, incluso a Judas Iscariote.

No es por tener más sabiduría, no se trata de teología o de comprender misterios, es el Espíritu Santo “en nosotros y a través de nosotros” que cambia vidas, destruye tinieblas, sana enfermos, y declara salvación. 

Entonces dijo a sus discípulos: «El que acepta el mensaje de ustedes me acepta también a mí. El que los rechaza a ustedes a mí me rechaza. Y el que me rechaza a mí rechaza a Dios, quien me envió».

Cuando los setenta y dos discípulos regresaron, le informaron llenos de alegría: — ¡Señor, hasta los demonios nos obedecen cuando usamos tu nombre!

Lucas 10: 16-17 NTV

Estos setenta y dos hombres no eran expertos, no eran maestros, ni siquiera vivían la cercanía que los apóstoles tenían con Jesús. Sencillamente, eran personas que creyeron, se arriesgaron y obedecieron. Todavía la “promesa del Espíritu” no se había cumplido, pero ya había sobre la tierra un ejército de gente de fe que era vehículo de salvación y sanidades… personas sobrenaturales porque el Padre los asistía. 

Señor yo quiero ser lleno, llena de tu Espíritu, quiero más, no me conformo con lo que tengo, sé que hay más profundidad en Vos. Por eso, no se trata de mí, se trata de Vos. 

 

Ruth O. Herrera