Cuando ya no había esperanza, Abraham creyó y tuvo esperanza, y así vino a ser «padre de muchas naciones», conforme a lo que Dios le había dicho: «Así será el número de tus descendientes.»
Romanos 4:18 DHH
El primer día de la semana nos levantamos y la semana puede ser poderosa, puede ser distinta porque yo no me estoy parando en un lugar donde no busco, no me estoy escondiendo para tratar de huir de la realidad. Levantar los ojos y ver con los ojos de Dios te permite reprogramar, recalcular y te tiene que llevar a experimentar un renuevo en tu vida, creer que todo es posible en el nombre de Jesús, circunstancia contra circunstancia, esperanza contra esperanza.
El primer día de la semana es un buen día para pensar en el poder de Dios y en lo que viene y también es un buen día para reconciliarse con Dios, para reconciliarse con el prójimo, Para reconciliarse con vos mismo, con vos misma.
Pastor Hugo Herrera
En las Escrituras vez tras vez Dios dialoga con los suyos. Para hacerlo se coloca por así decirlo, en el mismo plano. Utiliza un lenguaje que las personas entienden, ilustra su mensaje con elementos de la naturaleza, con aquellas cosas que la gente ve todos los días pero ya no ve… porque se acostumbró a que están ahí, forman parte de su paisaje cotidiano y perdió la capacidad de asombro que produce observar detalladamente, como si fuera por primera vez.
Abraham significa padre de una multitud y es considerado como el padre de la fe, pero la Palabra dice en Génesis que era anciano y no tenía hijos. Su reloj biológico estaba en la etapa de declinación, habían pasado tantos años que ni siquiera esperaba tener descendencia natural. De pronto aparece Dios, lo saca afuera de su casa y habla con él.
Luego el Señor lo llevó afuera y le dijo: —Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. ¡Así de numerosa será tu descendencia!
Génesis 15:5 NVI
El diálogo es tan breve como insólito. La propuesta suena fuera de lugar y sobre todo fuera de tiempo.
Espiemos imaginariamente la escena. Dios le dice: “Mira” ¿qué cosa? Las estrellas que están en el cielo. Si la conversación hubiera sido entre Abram y Sarai, Dios todavía no les había cambiado sus nombres, hasta podríamos pensar ¡Qué romántico! Pero no. Allí estaban Dios y un hombre frustrado que ya se había resignado a morir sin tener descendencia.
Él solo deseaba un hijo, lo había anhelado toda su vida, pero su esposa era estéril. Dios no le había concedido la dicha de tener un heredero. …Y ahora viene el desafío: “Cuenta las estrellas, a ver si puedes.” Y Abram habrá intentado tímidamente, solo por obediencia comenzar a contar: uno, dos, tres…doscientas setenta y ocho… ¡Esto es imposible! ¡Me duele el cuello de mirar hacia arriba! ¿Qué sentido tiene?
Y por si fuera poco, aparece la promesa, abrumadora “Así de numerosa será tu descendencia”. Imagino al anciano pensando: Dios, esperá, por favor no te burles de mí. Ya está, ya fue, lo acepté, ¡no tengo ni siquiera un hijo y vos me prometés una descendencia que no se puede contar! Además tus palabras suenan irreales, ves mi situación, mi expectativa era razonable. ¡Yo solo quería un hijo! y en esta etapa de mi vida es imposible que sea padre.
Sin duda alguna el Creador trataba de comunicar algo que para Él era absolutamente posible, pero para el anciano estaba totalmente fuera de perspectiva.
La escena que te propuse es imaginaria. El diálogo que registra el escritor de Génesis es breve. El texto se resume en:
Y Abram creyó al Señor, y el Señor lo consideró justo debido a su fe.
Génesis 15:6 NTV
La Biblia nos cuenta solo aquello que necesitamos conocer para aprender a relacionarnos con Dios, creerle y obedecerlo. No siempre menciona en detalle las luchas interiores que tuvieron los personajes bíblicos, sus idas y vueltas, su visión limitada, pero algo de eso podemos descubrir si logramos identificarnos con ellos en su humanidad.
En su carta a los Romanos Pablo dice que cuando ya no había esperanza, Abraham creyó y tuvo esperanza, debido a eso recibió la promesa.
Es que cuando todo va bien no necesitamos ejercitar nuestra fe, ni alzar los ojos al cielo buscando ayuda. Seguimos adelante viendo sin ver, corriendo de un lado para otro. Los días pasan y nosotros nos deslizamos por ellos, pero cuando la situación se vuelve difícil, el tiempo pasa y no hay respuesta Dios se pone al lado de nosotros y nos desafía a ver, tal vez lo que siempre estuvo allí, pero desde Su perspectiva.
Y Vos ¿Saliste afuera y miraste las estrellas? ¿Intentaste contarlas? Son innumerables, casi ilimitadas, inalcanzables…sin embargo a Papá le sirven como ejemplo para mostrarnos que aquello que no tenemos y ya ni siquiera esperamos puede venir de Su mano y en abundancia.
Mónica Lemos
