Esperanza

Aun cuando no había motivos para tener esperanza, Abraham siguió teniendo esperanza porque había creído en que llegaría a ser el padre de muchas naciones. Pues Dios le había dicho: «Esa es la cantidad de descendientes que tendrás».

Romanos 4:18 (NTV)

“Nuestros cuerpos han sido construidos para soportar una enorme cantidad de estrés y de presión. Dios nos ha creado para que seamos personas bastante flexibles […] Con un valor intrépido podemos ir a través de tiempos de enfermedad, reveses financieros, desilusiones domésticas, desempleo, la muerte de alguien que amamos…Sí. Siempre que no perdamos un ingrediente especial. La esperanza”

(El estrés, paz… a pesar del pánico de Charles Swindoll. Pág. 221)

Cuando la crisis se instala, generalmente la duda ingresa por algún resquicio.

Puede ser que alguien nos haya desilusionado, que hayamos orado durante mucho tiempo por algo que necesitábamos sin recibir respuesta y entonces las fuerzas empiezan a decaer. Tal vez comenzamos nuestra búsqueda con mucha ilusión, con ímpetu, nuestro razonamiento nos dice que si lo que deseamos es algo que otros tienen ¿Por qué razón Papá no nos lo daría a nosotros? Después de todo, Él nunca hace diferencia entre sus hijos. No es parcial, no prefiere a unos ni descarta a otros. Siempre quiere nuestro bien y eso incluye darnos lo mejor.

Por un tiempo prudencial continuamos orando e insistiendo, nos apoyamos en pasajes como el de la viuda y el juez injusto, que muchas veces hemos malinterpretado…creemos que si insistimos mucho el Señor estará obligado a contestarnos. Y con ese pensamiento en mente insistimos, insistimos, insistimos y…nada sucede.

El problema con esta interpretación del texto es que Dios no es un juez injusto, no le torcemos el brazo con nuestra insistencia…eso es carnal. Le atribuimos a Dios ciertas características humanas y la deducción lógica es que si insistimos el tiempo suficiente lograremos el objetivo.

El problema a veces ni siquiera es la insistencia, sino desde qué perspectiva insistimos. Por ejemplo. Si te invitan a una fiesta ¿Irías? O el anfitrión tendría que decirte todos los días: “Vení, mirá que falta una semana” “No te la pierdas, mirá que va a haber un catering espectacular” “No te olvides, mirá que contamos con vos” “Queremos agasajarte” …se supone que si la persona que te invita es tu amiga, te sentís valorada por ella, estás cómoda, no hace falta tanta insistencia. Salvo que tengas algún tipo de contratiempo muy importante, agendarías la fecha e irías gustosamente, sin tanto recordatorio.

Dios te ama y te valora de manera especial. No es una frase hecha, nosotros podemos decirla de esa manera, pero si estás sufriendo Él no te va a decir una frase de compromiso, para salir del paso porque está muy ocupado atendiendo el cosmos… Papá te dará palabra de aliento y promesas. ¿Quién las garantiza? Él mismo.

Por eso Abraham, pese a sus dudas, porque las tuvo, la Escritura las menciona, pudo esperar tantos años.

Es fácil tener esperanza cuando hay motivos para tenerla; el desafío es mantener esa esperanza cuando no hay ningún motivo para conservarla. Abraham, con todos sus defectos y limitaciones, se aferró con todas sus fuerzas al único motivo que tenía: Dios se lo había dicho. 

¿Cómo está tu esperanza? ¿Hay algo que Dios te dijo hace un tiempo y todavía no hay ni atisbo de que se cumpla? El Señor te invita a que mires a Abraham, cuando no haya motivos para tener esperanza, Dios es EL motivo por excelencia.

Mónica Lemos