Estamos incluidos

He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre El; El traerá justicia a las naciones. No clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino; con fidelidad traerá justicia.

Isaías 42:1-3 LBLA

 

Cuando la prueba y el dolor tocan nuestra puerta inevitablemente se provocan cambios en nuestra vida. Seguramente el sufrimiento hizo de vos una persona mucho más comprensiva y con más capacidad de entender y acompañar a los que sufren. 

 

En su vida terrenal Jesús sufrió como hombre las mismas cosas que nosotros hoy y esto parte de nuestra esperanza, porque él comprendió en su propia carne nuestras debilidades y nuestros dolores… así lo expresó el profeta y así sucedió.

 

Todos lo despreciaban y rechazaban. Fue un hombre que sufrió el dolor y experimentó mucho sufrimiento. Todos evitábamos mirarlo; lo despreciamos y no lo tuvimos en cuenta.

Isaías 53:3 TLA

 

¿Por qué Jesús se identificó de tal manera con nosotros? ¿Por qué el Espíritu de Dios puede ayudarnos en nuestra debilidad? 

Dice la profecía que “Él no apagaría el pabilo que humea, esa lámpara, esa débil luz que hay en nosotros”.

 

“No les causará más daño a los que estén heridos, ni acabará de matar a los que estén agonizando”.

Isaías 42: 3 TLA

 

Él no apaga en nosotros lo que a veces sentimos que es nuestro último suspiro de vida. Cuando estamos en una profunda tristeza, cuando las fuerzas nos faltan hasta casi sentirnos desmayar… Como Jesús en Getsemaní se sintió intensamente triste y sin fuerzas para enfrentar la cruz, y el Padre fue su único sustento, así es Su Espíritu en nosotros.  Aunque estemos lejos Papá todavía tiene la puerta abierta para que nosotros logremos ir a donde Él quiere, y alcancemos los propósitos que  tiene para nuestra vida. 

Él no quiebra la caña cascada. Él va a restaurar nuestra vida. 

 

La profecía dice que no grita en las calles, viene a nosotros también como un silbo apacible, como quien viene a restaurar y a sanar la vida, a armonizar aquello que está en total desequilibrio. Por eso el Espíritu Santo puede ayudarnos en nuestra debilidad, porque Jesús conoce nuestra condición humana. 

 

Él busca a la oveja perdida, venda a la perniquebrada, aquella que se quebró, y maravillosamente después en el Evangelio de Lucas nos dice que Él va tras la persona que está lejos, deja a buen resguardo los otros que están bien y están felices, pero va tras quien se perdió. Por eso las parábolas de la moneda perdida, la oveja perdida, finalmente terminan con aquello central del Evangelio que es la historia del hijo que se perdió y cuando regresa el Padre hace fiesta, su corazón está contento. Hay celebración en los cielos y celebración en la tierra porque había un hijo de Dios que estaba lejos y volvió al corazón de Papá. 

 

Piensen en el ejemplo de Jesús. Mucha gente pecadora lo odió y lo hizo sufrir, pero él siguió adelante. Por eso, ustedes no deben rendirse ni desanimarse…

Hebreos 12: 3 TLA

 

Dios es un Padre amoroso, que no abusa de nuestro dolor ni provoca pruebas y angustias para probar nuestra resistencia. El dicho popular: “Dios aprieta pero no ahorca”, está lejos de su corazón compasivo. Ningún papá o mamá, con sus instintos paternales intactos, abusa de un hijo para ver qué tan fuerte es, y si nosotros, dice la Palabra, siendo malos podemos dar cosas buenas a nuestros hijos…. ¿cómo el Padre podría apagarnos o dañarnos en un tiempo de dificultad? 

 

Jesús como hombre supo sacar fuerza de la debilidad y convertir lo malo en bueno… ese es el plan maestro y vos y yo estamos incluídos.