Estoy dispuesto

Ya hacía varios días que estábamos allí, cuando llegó de Judea un profeta llamado Agabo. Al llegar ante nosotros tomó el cinturón de Pablo, se sujetó con él las manos y los pies, y dijo: —El Espíritu Santo dice que en Jerusalén los judíos atarán así al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los extranjeros. Al oír esto, nosotros y los de Cesarea rogamos a Pablo que no fuera a Jerusalén. Pero Pablo contestó: —¿Por qué lloran y me ponen triste? Yo estoy dispuesto, no solamente a ser atado sino también a morir en Jerusalén por causa del Señor Jesús. Como no pudimos convencerlo, lo dejamos, diciendo: —Que se haga la voluntad del Señor.

Hechos 2:10-14 DHH

En el estudio de “Los Hechos del Espíritu” recorremos la historia de la primera iglesia y el camino misionero del apóstol Pablo quien recorrió muchas ciudades. Así se fue relacionando con diferentes personas que lo ayudaban en la tarea, pero también encontró dificultades. Evidentemente, Pablo era un hombre dependiente de Dios 100 % y el Señor le hablaba de una manera muy clara 

Una noche, el Señor le dijo a Pablo en una visión: «No tengas miedo; sigue hablándole a la gente y no te calles, porque yo estoy contigo. Nadie podrá atacarte ni hacerte daño porque tengo mucha gente en esta ciudad». Así que Pablo se quedó allí por año y medio, enseñándoles la palabra de Dios.

Hechos 18:9-11 PDT

En esa ciudad había personas que no creían en Jesús, que realmente necesitaban de Su amor. Entonces Pablo se estableció allí por voluntad de Dios.

El apóstol tenía una comunión tan íntima con el Señor que estaba listo para cambiar de ciudad, de casa y de lugares si Él así se lo pedía. Si Dios le pedía que hiciera algo, Él mismo se encargaba de que diera fruto.

La pregunta hoy es ¿Cómo respondemos vos y yo a la intervención de Papá en nuestras vidas? 

Lo que Dios está gestando es difícil de percibir en lo natural, no siempre lo identificamos. Estamos ocupados en nuestras tareas diarias y nos parece que todo sigue igual, pero cuando estamos en comunión, oramos, y queremos saber lo que Dios está haciendo, podemos percibir claramente que Dios está trabajando.

Cuando entendemos y creemos realmente que los propósitos de Dios son siempre de bien y se cumplen, dejamos de tener esas dudas y grandes incógnitas. Creemos que Jesús nos dice: “Esto es sí y es amén porque ya está hecho”.

El deseo del Señor sigue siendo el mismo: Él llama a todos; nos elige a todos; hace sus enseñanzas accesibles para todos. La respuesta de cada uno de nosotros es diferente porque tenemos la posibilidad de elegir.

Tal vez luchemos con deseos contradictorios: queremos al Señor, pero todavía queremos también otras cosas, o estemos preocupados, angustiados, dispersos tratando de solucionar los problemas que surgen a diario y nos confrontan. Él lo sabe y nos acepta, pero nos quiere moldeables y dependientes para que pueda obrar. Hoy sigue guiándonos a las obras nuevas que nos preparó. Y aunque todavía no lo veamos con nuestros ojos naturales, seguimos avanzando en fe hacia esa promesa suya con cada actividad que desarrollamos.

 

                                  Ruth O. Herrera