Una mirada alegre trae gozo al corazón; las buenas noticias contribuyen a la buena salud.
Proverbios 15: 30 NTV
Es sabido que cuando alguno de los cinco sentidos está afectado, hay otro que se desarrolla en mayor medida para compensar esa pérdida. Por ejemplo, los ciegos poseen una aguda sensibilidad táctil. Para ellos, hace doscientos años Louis Braille inventó un sistema compuesto por la combinación de seis puntos que caben en la yema de un dedo y forman números y letras. Esto le permitió sacar del aislamiento a las personas ciegas y proveerles la oportunidad de comunicarse con el mundo exterior.
Los sordos, en cambio, se comunican por medio de señas. Este es un sistema mucho más antiguo, se cree que ya existía en la antigua Grecia, otros lo ubican en Roma y ha ido perfeccionándose con el tiempo. Para las personas sordas la gestualidad es muy importante. Acompañan el movimiento de sus manos con las expresiones del rostro, por medio del cual pueden decodificar claramente el mensaje que emiten y reciben.
Tal vez te preguntes adónde quiero llegar con estos ejemplos… Bien. Solemos pensar y a veces decir que la sociedad está ciega o sorda al mensaje de Cristo, pero tal vez deberíamos revisar si somos buenos facilitadores para que la lectura de las buenas noticias se les haga más accesible.
Estamos rodeados de palabras, a veces hasta abrumados por ellas. Todos hablan. Podemos escuchar las propuestas más disparatadas, pero que se imponen a fuerza de repetición y recursos publicitarios. La verdad ya no importa. El sistema, las sociedades, se mueven de acuerdo a los sentimientos. Esta es una tendencia global. Vivimos inmersos en esta realidad y muchas veces no nos detenemos a cuestionarla o, al menos, a pensar en la forma de traspasar esa barrera de desinterés generando nuevas posibilidades de encuentro.
…las buenas noticias contribuyen a la buena salud. Evangelio significa precisamente “buenas noticias” pero la gente asocia esta palabra con varias ideas negativas: religión, una lista de rígidos mandatos, personas que critican todo o que te convierten en el objeto de la propagación de sus creencias.
En ese sentido, para ellos, no somos muy diferentes a los políticos o vendedores de productos. Muchas veces, ni siquiera entienden nuestra forma de hablar.
Cristo nunca hizo a nadie el objeto de su ministerio. Él no aspiraba a ganar fama, reconocimiento ni lugares de poder político ni económico. No volcaba sus enseñanzas en los demás como si fueran recipientes vacíos y luego seguía de largo. Le interesaban las personas. Su deseo era que pudieran conocer al Padre, recibir su amor, ser libres del agobio de las enfermedades, sufrimientos y carencias.
Día tras días se dedicó a encontrar y cobijar a aquellos que se habían perdido, que no podían encontrar el camino que los llevara al amor incondicional del Creador. Como sus discípulos, nosotros queremos realmente actuar como Él. Sin embargo muchas veces es más fácil recurrir a ciertas fórmulas que en algún momento fueron eficaces que replantearnos cómo aprender a tratar a cada uno.
Si le hablamos a alguien sordo, no va a poder escucharnos. Salvo que aprendamos su lenguaje y pueda leer nuestra expresión.
La Biblia dice que somos cartas leídas por todos. ¿De qué manera lee un ciego? Por medio del tacto. Por eso, aunque aquellos que nos rodean sean metafóricamente ciegos o sordos al mensaje, no lo son en cuanto a nuestros gestos o formas de relacionarnos.
Todos pueden ver claramente el bien que Cristo ha hecho en la vida de ustedes. Para que la gente hable bien de nosotros, sólo tiene que fijarse en ustedes. Porque ustedes son como una carta que habla en favor nuestro. Cristo mismo la escribió en nuestro corazón, para que nosotros la presentemos. No la escribió en piedra, ni con tinta, sino que la escribió con el Espíritu del Dios vivo. Y esa carta está a la vista de todos los que la quieran leer.
2 Corintios 3:2 TLA
(Énfasis del autor)
Nuestra misión es que Todos puedan ver claramente el bien que Cristo ha hecho en nuestra vida. Y expresarlo de manera que todos lo puedan entender. Hay gente que necesita palabras de aliento; otros una escucha sin apuro; algunos, un abrazo que les demuestre que de verdad le importan a alguien; otros, ayuda económica, concreta y generosa para sus necesidades. Y todos, absolutamente todos necesitan ser amados y recibir esperanza.
Pidamos al Espíritu Santo que nos dé la capacidad de percibir de qué manera las personas necesitan recibir el mensaje, en su propio “idioma” y estemos dispuestos a ser creativos, a hacer el bien sin “trueque”. Si alguien reconoce a Cristo y abraza la fe ¡fantástico!, pero si así no fuera, sigamos sembrando interés y amor desinteresado y generoso.
Mónica Lemos
