Familia

Como Jesús vio que el maestro de la Ley le dio una buena respuesta, le dijo: —No estás lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Marcos 12: 34 TLA

Si un día le dijiste sí a Jesús, si diste ese paso de fe, si abriste tu corazón como el escriba del relato, estuviste cerquita del reino de Dios y recibiste al Señor, entonces la buena noticia es que tu Dios es un Dios de vivos y que tu vida será eterna, eso es decir “para siempre” Cristo derramó su vida en la cruz para que vos puedas disfrutar de una vida plena y para siempre.

El Shema que menciona Jesús es el mandamiento superior. Hay un imperativo de Su parte, cuando utiliza la plegaria que el pueblo recitaba desde el tiempo de Moisés, que es también para nosotros. El mandamiento por excelencia es amar a Dios y el segundo mandamiento es amar a tu prójimo como a vos mismo, y quiero detenerme aquí porque esto lo conocemos de memoria…

En el Antiguo Testamento amar, amor y amado se dicen con la misma palabra, por ejemplo amor como sustantivo aparece dos veces en el Antiguo Pacto; en cambio amar como verbo aparece treinta y dos veces porque para el israelita eran mucho más importantes las acciones que el ser o la declaración de ese ser.

Dios es amor, pero al israelita lo movilizaba más el entender ese amor de Dios a través de sus acciones, por eso para los hebreos Dios es el Dios de la historia. No pueden pensar en Él sin asociarlo a Aquel que abrió el mar en dos y que bendice a su pueblo por más que el pueblo no lo merezca.

De hecho, en Deuteronomio luego de que Dios les da el Shema a través de Moisés, en el capítulo siguiente se muestra al pueblo de una manera especial y dice “tú eres un pueblo santo para mí” porque Yo he decidido amarlos y bendecirlos. Por eso es tan importante que podamos vivir esta idea de pertenencia porque el amor de Dios va a ser manifestado en nuestros corazones, así lo dice la Palabra.

Amar es un verbo no es solamente una declaración por eso Juan que es un buen judío, aunque escribe su evangelio y sus cartas en griego tiene esta concepción israelita y dice de manera muy práctica

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

1° Juan 4:20 RVR60

El apóstol no podía concebir en su pensamiento hebreo el hecho de hacer una declaración magnífica pero no poder amar al prójimo.

Jesús en este mismo sentido cuenta la famosa parábola del samaritano, que la mayoría de la gente conoce tan bien, porque para la mentalidad de aquel pueblo era totalmente provocador este concepto.

Pastor Hugo Herrera

Amar al prójimo no es tan sencillo… si lo meditamos en profundidad es un desafío que muchas veces nos excede. No se trata de amar a los padres, hijos, hermanos, que en general es lógico y natural, aunque no son pocas las veces en que ni siquiera podemos disfrutar el amor de los consanguíneos.

Jesús mismo enfrentó conflictos en su propia familia.

Tiempo después, Jesús recorrió la región de Galilea. No quería ir a Judea porque los jefes judíos lo buscaban para matarlo. Como se acercaban los días de la fiesta judía de las enramadas, sus hermanos le dijeron: —Debes ir a Judea, para que tus seguidores puedan ver las grandes obras que haces. Cuando uno quiere que todos lo conozcan, no hace nada en secreto. ¡Deja que todo el mundo sepa lo que haces!

Dijeron eso porque ni siquiera ellos le creían.

Juan 7: 1-5 TLA

Sus hermanos incitaban a Jesús a profundizar “su fama”, lo que nuestra a las claras que no entendían ni creían quien era realmente su hermano mayor. Quizás por vivir a la sombra de sus hechos, o por los celos que los hermanos naturalmente sienten en la vida cotidiana.

Hoy las relaciones familiares se ponen a prueba porque muchas veces la presión y los conflictos de la sociedad se filtran dentro de las familias.

Cada vez hay más temas o experiencias de vida diferentes, a tal punto que provocan desencuentros.

Por eso hoy te propongo que tomemos un tiempo especial, en primer lugar para darle gracias a Dios por nuestros amados, aún aquellos que sentimos lejanos o con los que por alguna razón decidimos distanciarnos.  Y luego pidamos que Papá nos de una renovada manera de relacionarnos con cada uno de aquellos que nos dio como familia y también estrategias que estén bañadas por el amor de Dios y propicien el reencuentro sin imponer condiciones.

¡Empecemos por casa!

Ruth O. Herrera