Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Mateo 5: 2-4 RVR 1960
El regalo de cada día es Cristo en nosotros, y el “ser parte” de los pensamientos de Dios, los mismos que se escucharon en el sermón del monte.
No hay duda de que por haber sido pobres en espíritu llegamos a conocer a Cristo como el Salvador de nuestras vidas, eso sucedió cuando nuestra necesidad y el glorioso amor de Papá se encontraron y así comenzamos a transitar la bienaventuranza de ser parte del Reino de Dios acá en la tierra.
Los comentaristas explican que Jesús hablaba en arameo pero los evangelios fueron escritos en griego, por eso cada bienaventuranza era en realidad una exclamación, como si Jesús dijera: ¡Qué bueno es ser pobre en espíritu…!
<…las bienaventuranzas no son piadosas esperanzas de algo que puede ser; no son luminosas pero irreales profecías de alguna futura bienaventuranza; son felicitaciones de algo que ya se es.
La bienaventuranza que pertenece al cristiano no se pospone a algún futuro reino de gloria; es una bienaventuranza que existe aquí y ahora. No es algo en lo que el cristiano entrará; es algo donde ya ha entrado. Es verdad que alcanzará su plenitud y su consumación en la presencia de Dios; pero a pesar de eso es una realidad presente que se disfruta aquí y ahora. Las bienaventuranzas dicen en efecto: «¡Oh la bendición de ser cristiano! ¡Oh el gozo de seguir a Cristo! ¡Oh la diáfana felicidad de conocer a Jesucristo como Maestro, Salvador y Señor!”
W. Barclay
Aunque muchos son los días oscuros y el dolor muchas veces me acompaña sigo perteneciendo a los bienaventurados, los que son consolados. Puedo respirar y también puedo sufrir porque estoy viva. Se que es muy difícil aceptar las pérdidas, enfermedades o desilusiones porque por naturaleza rechazamos el dolor, pero es parte de la vida.
¿Quién puede creer que una mala noticia puede llegar a ser una buena noticia? Sencillamente es una locura así dicho…pero Jesús nos lo hace ver diferente, las bienaventuranzas son promesas activas y reales que solo puede apropiárselas quien es capaz de creerle intentando descubrir algo que parece tan ilógico.
Al aceptar a Jesús como el Salvador y Señor de tu vida automáticamente fuiste reconocido como hijo de Dios, formás parte de su familia, y tenés derecho a recibir el cumplimiento de todas sus promesas, las palabras de Jesús pueden ser tu realidad de cada día.
Vos y yo necesitamos apropiarnos de cada una de las bienaventuranzas, descubrir que aunque seamos pobres al creer y nuestro espíritu no esté impregnado totalmente por el Espíritu Santo podemos ser felices. Que es posible que en medio de la tristeza surja una pálida luz de esperanza. No hay fórmulas para lograrlo pero te recuerdo que Dios siempre cumple sus promesas.
Las bienaventuranzas nos enfocan en el resultado de aquello que no vivimos como algo bueno, por ejemplo: ¡qué bueno que por estar triste recibo consuelo!
Para captar el mensaje de las bienaventuranzas tal como Jesús las enseñó yo escribí entre paréntesis al final de cada una de ellas la promesa en tiempo presente, esto me ayudó a sentirme “ya consolada, viviendo actualmente en la tierra prometida y experimentando en el presente cada palabra cumplida”. Te lo comparto. Si estás atravesando una situación difícil hacé el ejercicio de repetir cada una de ellas con fe, confiando en el obrar del Espíritu Santo…
«Afortunados los que reconocen su necesidad espiritual, porque el reino de Dios les pertenece. 4 Afortunados los que están tristes, porque Dios los consolará. (LOS CONSUELA)
5 Afortunados los que son humildes, porque la tierra que Dios prometió será (ES) de ellos.
6 Afortunados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán (QUEDAN) completamente satisfechos por Dios. 7 Afortunados los que tienen compasión de otros, porque Dios también tendrá (TIENE) compasión de ellos. 8 Afortunados los que tienen corazón puro, porque ellos verán (VEN) a Dios.
9 Afortunados los que se esfuerzan por conseguir la paz, porque ellos serán (SON) llamados hijos de Dios. 10 Afortunados los que son maltratados por practicar la justicia, porque el reino de Dios les pertenece. 11» Cuando la gente los insulte, los persiga y hable mal de ustedes por seguirme, sepan que son afortunados a los ojos de Dios. 12 Pónganse contentos y alégrense porque van a recibir (RECIBEN) una gran recompensa en los cielos. Así también fue como maltrataron a los profetas que vivieron antes de ustedes.
Ruth O. Herrera
