Agranda tu tienda de campaña, extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives; alarga las cuerdas, clava bien las estacas, porque te vas a extender a derecha e izquierda; tus descendientes conquistarán muchas naciones y poblarán las ciudades ahora desiertas.
Isaías 54: 2 y 3 (DHH)
(Énfasis del autor)
Ayer nos referíamos al desafío de agrandar el sitio de la carpa. Ahora bien, el texto continúa con otras dos instrucciones precisas: alargar las cuerdas y clavar bien las estacas.
Estas dos recomendaciones son fundamentales para que la vivienda se mantenga en pie. Si la tienda ha de extenderse es necesario estirar bien las cuerdas que fijan las telas al suelo. Cavar hoyos profundos que permitan clavar estacas fuertes. Solo así la casa estará bien asegurada y podrá resistir el viento y las tormentas sin derrumbarse.
La comparación entre una casa y la vida espiritual se menciona otras veces en las Escrituras. En tiempos de Isaías se habla de cuerdas y estacas que amarren la carpa y la sujeten al piso.
En el Nuevo Testamento Jesús menciona otro ejemplo ¿Recuerdan? La persona prudente había construido su casa sobre la roca, un fundamento sólido que le permitía soportar los embates de la naturaleza y no derrumbarse.
¡Qué bueno confiar en Papá y decidirnos a ensanchar el sitio de nuestra habitación!
Prepararnos para el tiempo que vendrá, pero simultáneamente es imprescindible utilizar cuerdas y estacas fuertes. Esta es la manera en que la vida espiritual personal y comunitaria debe mantenerse firme y seguir creciendo.
El apóstol Pablo sabía que solo es posible construir una fe sólida y profunda arraigando nuestra vida en Cristo y edificando nuestra vida sobre Él, que es el único fundamento seguro e inconmovible.
Arráiguense profundamente en él y edifiquen toda la vida sobre él. Entonces la fe de ustedes se fortalecerá en la verdad que se les enseñó, y rebosarán de gratitud.
Colosenses 2:7 NTV
La sociedad te propone edificar tu vida en torno a las posesiones materiales, a la fama o al éxito laboral, y en nuestro círculo evangélico es posible que no estemos exentos de caer en engaños similares. Por eso puede haber personas que construyan toda su existencia alrededor del éxito ministerial. Si esto sucede no lo reconocen así y sin querer asocian la consagración a Dios con lograr un ministerio multitudinario.
Cuesta aceptar que el criterio de éxito de Dios es diferente y hasta opuesto al que propone el sistema.
La consecuencia de vivir con una escala de valores desequilibrada se refleja en varias áreas de la vida, aún la ministerial, afecta la familia, el entorno y puede provocar el síndrome de la cabeza quemada.
El crecimiento, tanto numérico como en calidad de membresía es deseable, pero si cuando llega no nos encuentra con raíces firmes puede desestabilizarnos y lo que Dios planeaba como bendición convertirse en el único objetivo de nuestra vida.
Nuestro fundamento siempre debe ser Cristo. Lo demás llegará por añadidura.
Aprovechá todas las oportunidades que tu comunidad e iglesia te brindan para que tu fe se arraigue cada vez más en Aquel que nunca cambia y al mismo tiempo compartí tu fe con aquellos que diariamente Él pone en tu camino.
Mónica Lemos
