Forzando el cumplimiento de la promesa…

(Inspirado en el mensaje del pastor Milton Cariaga del 24 de abril)

Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar.  E hizo él también guisados, y se los llevó a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.  Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.  Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito.  Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío.  Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.  Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición.

Génesis 27:30-36 (RVR60)

(Énfasis del autor)

La Biblia nos cuenta historias con las cuales podemos identificarnos fácilmente. Tal vez no con la situación puntual que vivieron sus personajes, pero sí con el resultado que producen en nuestro ánimo. La Palabra nos muestra claramente que la relación sanguínea no es garantía de armonía, al contrario, es normal que haya conflictos entre hermanos, lo importante es encontrar la manera de resolverlos de acuerdo a lo que Dios quiere.

Esaú y Jacob, nuestros ejemplos bíblicos ya tenían problemas y éstos se fueron intensificando.

Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición.

Génesis 27: 36 (RVR60)

Esaú dijo una media verdad, su hermano menor lo había suplantado dos veces, pero la primera fue de común acuerdo. Él quería saciar su hambre a cualquier costo, Jacob no se apoderó de sus derechos por la fuerza, le propuso un canje y Esaú lo aceptó. En cambio, la bendición del padre sí la había obtenido con engaños… y eso complicó tanto la situación que su impulsivo hermano mayor se llenó de rencor.

Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.  Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte. Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán, y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue

Génesis 27:41-44 (RVR60)

Jacob se apoderó de la bendición guiado por su madre, que fue la que planeó toda la estrategia. Es peligroso “querer darle una manito a Dios” para que una promesa se cumpla.

Esta familia ya tenía antecedentes en esto de ayudar a Dios ¿Se acuerdan de Sara, la suegra de Rebeca? Dios le había prometido un hijo y, como el tiempo pasaba y ella no quedaba embarazada decidió que su esposo tuviera un hijo con la sierva… Esta decisión generó un gran problema cuyas consecuencias continúan hasta el día de hoy.

Rebeca, tal vez sin darse cuenta estaba repitiendo la misma historia, obstaculizando los planes de Dios por intervenir utilizando su astucia. El Señor no necesita ayuda extra.

El favoritismo maternal por el hijo menor la obnubilaba, a tal punto que no podía afirmarse solamente en lo que Dios ya había hecho.

Si leés unos capítulos antes la historia cuenta que era estéril y que cuando Isaac oró por ella pudo concebir. Luego tuvo un embarazo complicado y consultó al Señor y ahí recibió la promesa de que “el mayor serviría al menor”.

Hay costumbres familiares que liberan y otras que atan, aun en las familias cristianas… y sin darnos cuenta, pasan de una generación a otra.

Hoy el Señor te invita a reflexionar ¿Creés que Él cumplirá las promesas que hizo para vos y los tuyos? Si la respuesta es afirmativa ¿Serás capaz de esperar confiadamente, aunque el tiempo pase y no veas la respuesta concreta?  Él sigue siendo el Dios de lo imposible.

Mónica Lemos