Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.
Conocés esta historia y su final, de fracasado a conquistador, Gedeón es alguien con quien muchas veces nos identificamos. Pero hubo muchos otros que hicieron historia por creer que el fracaso no los definía como personas.
La crónica de la vida del famoso presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln, el más extraordinario de toda la historia de Estados Unidos, muestra que, en realidad, este gran hombre tuvo una vida de muchos fracasos. En el año 1832 perdió su empleo al perder su puesto de legislador, se postuló nuevamente, pero no le fue bien, y otra vez se quedó sin trabajo. En 1833 su negocio fracasó, en un contexto social difícil, en 1835 falleció la persona que más amaba, su esposa, en 1836 sufrió un colapso nervioso, una enfermedad que lo golpeó muy duro, en 1838 perdió en Illinois las elecciones presidenciales de la Cámara de Representantes, otro fracaso político, en 1843 perdió la nominación que tenía para el Congreso, 1848, 1854, 1856, 1858, siguió sufriendo fracaso tras fracaso, tras fracaso. ¿Qué podía esperar de bueno este hombre? Quizás podría ir a cultivar los campos que tenía y así olvidarse de su objetivo. Pero, sin embargo, en 1861, 3 años después de casi 20 fracasos fue elegido presidente de los Estados Unidos. Un hombre que fue persistente en el objetivo que tenía en su vida.
Nosotros tenemos un objetivo mayor que el de ser presidente, y es cumplir con nuestra misión como hijos de Dios, quien nos amó primero, y para esto luchamos permanentemente con esta palabra que es “fracaso”.
Fracasos en diferentes tipos y dimensiones, fracasos que nos son impuestos, y otros fracasos que nos hemos impuesto nosotros mismos. Pero tenemos el poder de La Palabra que nos dice que Aquel al cual alabamos que es nuestro Dios, nuestro Padre y nuestro Señor Jesucristo. Quien nos unió al Padre dándonos bendiciones de todo tipo, en los cielos y en la tierra.
El fracaso no significa que soy un fracasado; significa que todavía no he triunfado.
El fracaso no significa que no he logrado nada; significa que he aprendido algo.
El fracaso no significa que he sido un tonto; significa que tuve suficiente fe para experimentar.
El fracaso no significa que he sido desgraciado; significa que me atreví a probar.
El fracaso no significa que no lo tengo; significa que lo tengo de una manera diferente.
El fracaso no significa que soy inferior; significa que no soy perfecto.
El fracaso no significa que he desperdiciado mi tiempo; significa que tengo una excusa para comenzar otra vez.
El fracaso no significa que debo darme por vencido; significa que debo tratar con más ahínco.
El fracaso no significa que nunca lo haré; significa que necesito más paciencia.
El fracaso no significa que nunca lo haré; significa que necesito más paciencia.
El fracaso no significa que me has abandonado; significa que debes tener una mejor idea para mí.
Tomado del libro: Actitud de Vencedor. John Maxwell
Fracaso es una nueva oportunidad para pensar, recomenzar y valorar. Todos los que alguna vez lograron algo, primero tuvieron una cadena de fracasos. Que este día nada te haga retroceder y recuerda en Cristo somos más que vencedores.
Reflexiones “Renuevo de Plenitud”
Ruth O. Herrera
