Fuerzas de debilidad

… Por la fe, unos que eran débiles se hicieron fuertes…

Hebreos 11:34 (PDT)

 

El capítulo once del libro a los Hebreos cuenta la historia de los llamados héroes de la fe. Hace un recuento de distintas proezas que hicieron estos hombres y mujeres comunes que se atrevieron a confiar en Dios.

 

 

Enoc fue traspuesto y no murió; Noé construyó un arca gigante de madera aunque era agricultor, no carpintero; Abraham  se atrevió a salir de su país sin saber siquiera a dónde iba solo porque había recibido una promesa divina;  Sara que era estéril dio a luz cuando ya era anciana, etc.

Sin embargo el autor continúa con una enumeración inconclusa, reconoce que le falta tiempo para dar cuenta de lo que las personas son capaces de hacer cuando confían en Dios. En ese resumen se incluye a algunos que tuvieron la victoria sobre sus situaciones: evitaron peligros, hicieron justicia, alcanzaron las promesas de Dios y pudieron sobreponerse a sus propias debilidades.

 

…recibieron fuerzas cuando más débiles estaban…

Hebreos 11:34 (TLA)

 

Recibieron fuerzas para afrontar crisis y momentos sumamente difíciles en contextos de injusticia, peligro y enfrentamientos. Se hicieron fuertes en la batalla. El todopoderoso los veía débiles y necesitados, pero también podía reconocer la confianza que tenían en Él y ante el pedido de ayuda acudía rápidamente en su auxilio.

Es como si dijeran: “Está bien, yo sé que a menudo me equivoco, cometo errores, cedo a mis impulsos, creo que me las sé todas y voy al frente solo para ser derrotado, pero otras veces reconozco mi cobardía, mi falta de fuerzas y de valor para enfrentar lo que me angustia y le pido a Dios que venga a ayudarme” Como resultado Él les daba fuerzas cuando más débiles estaban y podían hacerle frente a los distintos desafíos.

 

Nosotros contamos con el recurso por excelencia que es la obra de Cristo en la cruz.

 

Nuestra confianza tiene una base más firme y segura. Conocemos la historia. Esos héroes del pasado no tuvieron acceso a los beneficios de vivir escondidos en Jesucristo, ni a que el Espíritu Santo hiciera morada permanente dentro de ellos. Aun así, su confianza en la fidelidad de Dios permitió que ingresaran en la historia por la puerta grande.

 

Posiblemente no estemos llamados a grandes proezas, pero todos podemos reconocer nuestra debilidad y hacernos fuertes en el Señor, rendir nuestras flaquezas, dejarlas delante del altar y estar el tiempo suficiente para recibir fuerzas del cielo cuando más débiles estamos.

 

Mónica Lemos