Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros.
2° Corintios 13:11 (RVR60)
Pablo escribe a una iglesia que tenía conflictos internos, divisiones y luchas por orgullo. Muchos no estaban en sintonía ni con él ni entre ellos mismos. En ese contexto, él les da cuatro mandatos simples pero poderosos: Llénense de alegría. Traten de renovarse. Pónganse de acuerdo. Vivan en paz.
Esto parece contradictorio, los desafía a tener gozo y a vivir en paz en medio del conflicto, ya que a la iglesia de Corinto no le estaban resultando las cosas demasiado fáciles: la fe de algunos empezaba a declinar y otros estaban distrayéndose por diferentes situaciones.
Pablo tiene que recordarles que estuvo con ellos, que los soportó, que trató de presentarles a Jesucristo de la mejor manera, y les hace este desafío.
La alegría bíblica (gozo) no depende de las circunstancias externas, sino de la presencia de Dios en nuestra vida. Pablo escribió esas palabras mientras él mismo vivía bajo presiones. No es una fórmula mágica, sino un estilo de vida que refleja la esencia de Jesús. Él también dijo: “Les he dicho estas cosas para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa”. (Juan 15:11).
En un mundo donde cada día parece más difícil encontrar alegría y paz, Dios nos regala, a través del apóstol Pablo, un consejo que más que un consejo es una llave espiritual. Es como si Dios nos dijera: “Si querés que mi presencia, mi amor y mi paz te acompañen, caminá en la dirección de la alegría, renovación, unidad y paz”.
Nuestra vida espiritual también está bañada de situaciones difíciles. No siempre las cosas resultan como queremos, pero sin embargo el gozo del Señor va más allá de nuestro entendimiento, y es una experiencia que solamente se da en el vínculo de nuestra relación con nuestro Padre del cielo.
Ese versículo finaliza la segunda carta que Pablo escribió a los corintios, recordándoles que vivir en armonía no es un lujo… es una necesidad para experimentar la plenitud de Dios.
El gozo que Dios nos da lo recibimos al estar en comunión estrecha. Si persistimos en depender de Él, logramos experimentarlo. Aun sufriendo una situación injusta, podemos saber que Dios es justo y por lo tanto dará la respuesta adecuada.
Es un gozo y una paz que no tienen explicación… pero son reales.
Los hombres y mujeres que amamos al Señor podemos experimentar el gozo de Cristo en toda circunstancia.
Y como todo el pueblo lloraba al oír los términos de la ley, tanto el gobernador Nehemías como el maestro y sacerdote Esdras, y los levitas que explicaban la ley al pueblo, dijeron a todos que no se pusieran tristes ni lloraran, porque aquel día estaba dedicado al Señor, su Dios. Además, les dijo Esdras: «Vayan y coman de lo mejor, beban vino dulce e inviten a quienes no tengan nada preparado, porque hoy es un día dedicado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría del Señor es nuestro refugio.»
Nehemías 8: 9-10 DHH
Ruth O. Herrera
