¡Gracias!

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Juan 1:1-3 RV

Incomprensible amor, imposible de entender la renuncia que Jesús hizo de sí mismo. En nuestra ignorancia de la plenitud de su Gloria no podemos razonarla ni descubrirla en profundidad, porque aun siendo poco menor que los ángeles como lo expresa el salmo 8, somos seres finitos y limitados ante tan misteriosa plenitud.

En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas.  Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas.  Él es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. 

Hebreos 1:1-3 DHH

Jesús dijo que Él era la “la luz del mundo”… pero ajustó su luminosa existencia a nuestra débil visión, y de lo sobrenatural de su esplendor solo manifestó en la tierra “el resplandor de su gloria”. 

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse

Filipenses 2:6- 7 NTV

Para los hombres la idea de negarse y humillarse, abandonar lo propio, hacerse nada pudiendo ser todo… es casi incompatible por naturaleza, pero Jesús lo hizo por un amor que tampoco llegamos a dimensionar completamente. 

Vos y yo creemos en Jesús, en su nacimiento virginal y milagroso, en su niñez única y llena de sabiduría, en su juventud plena de propósito divino, en su muerte y hasta en la inexplicable resurrección… pero creemos por la obra que el Espíritu Santo operó en nosotros y no por nuestra propia sabiduría.

Seguramente en estos últimos días en que  recordamos su nacimiento, en mayor o menor medida, diste gracias por haber conocido su milagroso nacimiento… pero hoy, después del trajín, la familia, las corridas, las emociones encontradas y  el compartir la mesa navideña con quienes deseabas hacerlo y quizás con quienes no tanto; al comenzar esta semana laboral y de rutina, será muy bueno que dispongas tu pensamientos y dediques este lunes a agradecer lo que no llegas a comprender en su más profunda realidad… Adorar a quien te transforma cada día en una nueva criatura.

Apartemos un momento para reconocer nuestra frágil, diminuta, etérea, corruptible y quebradiza existencia y para agradecer que fue cambiada en fuerte, eterna, santa e inentendible nueva criatura a través de la obra de Cristo.

Aunque Cristo siempre fue igual a Dios, no insistió en esa igualdad. Al contrario, renunció a esa igualdad, y se hizo igual a nosotros, haciéndose esclavo de todos.

Filipenses 2:5-6 TLA

Te propongo esta oración para que comiences tu tiempo de intimidad con el Rey de reyes y Señor de señores, nuestro Salvador y amigo:

Jesús gracias por nacer, por renunciar, por hacerte como yo, indefenso y débil, vulnerable y totalmente humano.

Gracias por haberte entregado a los dolores, posibles fracasos, a una familia que no te comprendió y amigos que te defraudaron.

Gracias por insistir con los que no te creían y potenciar a los que tenían fe.

Gracias por caminar kilómetros y kilómetros para que las ciudades conocieran el amor del Padre. Gracias por llorar y por reírte.

Gracias por perdonar y declarar la justicia del cielo.

Gracias por no callarte y por hacer silencio.

Gracias por conocer el corazón y la mente de los hombres e igualmente hacerte uno de nosotros.

Gracias por morir para vivir. Gracias por renunciar para ganar. 

Gracias por ser hombre y totalmente Dios. Gracias porque no lo puedo entender y eso alimenta mi fe. ¡Jesús gracias por nacer!

Ruth O. Herrera