Señor, tú has sido nuestro refugio de una generación a otra generación. Antes de que nacieran los montes y de que formaras la tierra y el mundo; desde los tiempos primeros y hasta los tiempos postreros, ¡tú eres Dios!
Salmo 90: 1-2 RVC
La fidelidad de Dios se extiende a lo largo de nuestras vidas y por generaciones.
La lectura de la historia del pueblo judío refleja claramente esta afirmación. Con los individuos, con las familias; Dios sostuvo su Palabra y fue consecuente con la promesa que a cada uno hizo. Proveyó maná diariamente para la alimentación de toda la gente en el desierto, les dio carne cuando lo solicitaron, los cuidó de la oscuridad y del calcinante sol.
La impactante realidad de los esclavos que son libertados, la experiencia del salmista que describe la confianza, el descanso que puede disfrutar al habitar en el reino son preciosos relatos. Ahora bien, son de ellos…
Permanecer en el reino, permanecer unido al Señor es, también, la decisión de descansar en que el Señor de Señores se ocupa de la provisión, de descanso. Decisión que al tomar podemos hacer que sea nuestra la historia.
Los llamó “mi pueblo” y se ocupó de ellos.
El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro…
Salmo 91 RV1960
Hoy nos llama Su pueblo a nosotros, animémonos a habitar en él.
Carolina Parisi Centeno
