Vivan en paz y armonía unos con otros. No sean orgullosos, sino amigos de los que la gente desprecia. No se crean mejores ni más sabios que los demás. No devuelvan mal por mal. Preocúpense por ganar el respeto de todos haciendo el bien. Traten de hacer lo posible para vivir en paz con los demás.
Romanos 12:16-18 PDT
La vida cristiana no es una vida sin conflictos, pero sí es una vida marcada por el compromiso de vivir en paz. Aunque no todos acepten nuestra paz, aunque duela, aunque cueste, Jesús nos llama a ser pacificadores, no espectadores.
En la familia, cada integrante debe ser complementario de los otros, facilitador de las posibilidades y potenciador del desarrollo de los demás. Un matrimonio que se contiene y sostiene, y da espacio para el crecimiento a su cónyuge, fomenta una familia equilibrada y propicia un ambiente de armonía. Esto es posible mucho más fácilmente si Cristo es el centro del círculo familiar. Un matrimonio que puede cambiar, aunque sea algunas veces en el mes, lo rutinario por lo improvisado despertará en la familia creatividad y tiempos de frescura.
¿Cuánto hace que no haces reír a tu familia? ¿Alguna vez te disfrazaste o los sorprendiste con una cena temática? ¿Te parece infantil o innecesario? Qué bueno sería ser premeditada y estratégicamente espontaneo/a, de manera deliberada encontrar tiempos y espacios para sorprender al grupo familiar con ideas nuevas y planes diferentes.
Todos, de alguna manera, le tememos al ridículo, a que se rían de nosotros o se burlen, pero ¿por qué no cambiar ese temor por una sonrisa? ¿Qué te une a tus hijos?, ¿un proyecto en común, un deporte, una ilusión?
Por favor pensá, detectá y fortalecé las cosas que tenés en común con ellos. Te proponemos que padres, hijos, hermanos, abuelos…etc., se unan para compartir algo espontáneo y diferente. Todos somos responsables de fortalecer lo que tenemos en común con el otro.
Pidamos al Señor que nos dé corazones humildes, llenos de su amor, dispuestos a buscar puntos de encuentro y afianzar los lazos de familia. Incluso acercar a quien no tenga familia para que sienta el abrazo y la contención que puede necesitar.
El Espíritu Santo nos guía, fortalece y transforma. Hoy es un buen día para sembrar paz en tu familia, en tu iglesia, en tu trabajo, en tus redes sociales. Acercando a otros y desplegar el abrazo del Padre.
Al terminar de leer este devocional no dejes de pensar en tu familia y hacé una lista específica de los gustos, hábitos y posibles proyectos que los unan.
Buscá hoy un tiempo para redescubrir el plan que Dios les propuso para que vivan juntos.
Ruth O. Herrera
