Hay que decidir, pero…

Pero Dios siguió diciéndole: —Yo sé muy bien que mi pueblo Israel sufre mucho porque los egipcios lo han esclavizado. También he escuchado sus gritos pidiéndome ayuda, y he visto que sus capataces los maltratan mucho. Por eso he venido a librarlos del poder egipcio. Los voy a llevar a una región muy grande y rica; ¡tan rica que siempre hay abundancia de alimentos! Es Canaán, país donde viven pueblos que no me conocen.

Éxodo 3:7 TLA

Ayer tomábamos como ejemplo la historia del viaje del pueblo de Dios hacia la tierra

prometida. Él los guió en todo momento y los resguardó tanto del calor agobiante como del frío extremo, por eso el texto dice que ellos podían avanzar de día y de noche, porque la

presencia del Señor, simbolizada a través de la nube y del fuego, nunca se apartaba. Aun así, pronto se cansaron, se quejaron de la comida, protestaron contra sus líderes y llegaron a extrañar los tiempos de “seguridad” que vivían mientras estaban en esclavitud.

De alguna manera era lógico. Cada uno se habría hecho una idea diferente de lo que

significaba la tierra prometida, sin embargo no habían considerado el proceso necesario para obtener la promesa. Entonces por la fe “basada en resultados”, por haber sido testigo de los portentos que Dios había hecho para sacarlos de Egipto, probablemente hayan hecho

algunos cálculos erróneos…  y, en solo poco más de dos meses de haber salido de la

esclavitud, cayeron en la cuenta de que la promesa estaba todavía lejos y comenzaron a ver todo a través del cristal de la carencia.

«¡Si tan solo el Señor nos hubiera matado en Egipto! —protestaban—. Allá nos sentábamos junto a las ollas llenas de carne y comíamos todo el pan que se nos antojaba; pero ahora tú nos has traído a este desierto para matarnos de hambre».

Éxodo 16:3 NTV

Su memoria selectiva recordaba las ollas de carne de Egipto, pero olvidaba los trabajos

forzados, los azotes, el menosprecio, la injusticia y además todas las oraciones que habían elevado al Señor para que los sacara de servidumbre.

Seguían caminando por el desierto en una especie de inercia, se dejaban llevar por su líder, pero también lo acusaban por cualquier dificultad que experimentaran. Cada necesidad

adquiría una dimensión desmesurada y la comparación con el pasado, aunque nos parezca ridícula, era recurrente.

Suele sucedernos a todos… tenemos más memoria de lo que nos conviene y olvidamos lo que no nos ayuda a justificar nuestras actitudes. El enojo, la apatía, el cortar relaciones con quienes fuimos cercanos…  Nos es más fácil recordar lo que nos dañó que lo nos bendijo. Si no nos gustó alguna actitud del otro nos olvidamos de las veces que nos ayudó o fue fiel a nuestra amistad, incluso en nuestra relación con Papá.

Es mejor que haga memoria de las obras del Señor. Sí, haré memoria de tus maravillas de antaño;meditaré en todas tus obras, y proclamaré todos tus hechos.

 Salmo 77: 11-12 RVC

A nosotros también el Señor nos ha sacado con poder de un reino de esclavitud, y nos ha trasladado al de su amado Hijo. Pese a eso, muchas veces las carencias actuales

distorsionan nuestra perspectiva y si no estamos atentos podemos actuar como el pueblo de Israel, dejarnos llevar, seguir por inercia o añorar el pasado.

En tiempos en los que te sientas abrumado o agobiada por las necesidades físicas o

materiales, por ausencias, o circunstancias tristes, recordá, hacé memoria de los días en que sentiste la mano poderosa de Dios y contaselo a alguien dando testimonio de una fe que no depende de resultados.

Yo te pido que seas fuerte y valiente, que no te desanimes ni tengas miedo, porque yo soy tu Dios, y te ayudaré por dondequiera que vayas.

Josué 1: 9 TLA

“Aunque no puedas verlo está obrando”

Mónica Lemos

Ruth O. Herrera