“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.”
(…) Entonces el padre accedió a dividir sus bienes entre sus dos hijos.
Lucas 15: 12b (NTV)
Dios nos dio su herencia anticipadamente.
Recibimos nuestra parte al aceptar su paternidad y recibimos “todo”. Su herencia es Él mismo, lo que transitamos en el presente, su Presencia, los dones, nuestros talentos, Su Palabra, la paz que sobrepasa nuestra capacidad de entendimiento, la oración y el poder de Su Espíritu… Y mucho más.
Nuestra herencia se multiplica en Su casa, en Su presencia. Su amor se hace palpable y la verdad del Evangelio nos transforma.
Cuando el egoísmo, el miedo, la religiosidad y la pasividad son parte de nuestra vida, la herencia se opaca; nosotros solo comemos de las migajas.
A uno de ellos le dio 5000 monedas, al segundo le dio 2000 y al otro 1000. A cada uno le dio una parte de acuerdo con lo que le era posible tomar a su cargo. Después se fue a su viaje. Inmediatamente, el que había recibido las 5000 monedas comenzó a invertir el dinero y ganó otras 5000.
Mateo 25: 15-16 (PDT)
(Énfasis del autor)
No hay otra manera de disfrutar la herencia que invirtiéndola. Invirtiendo el Amor, provocando y desarrollando mayor capital. El amor de Dios es el capital inicial para transformar tu entorno poniendo en práctica y multiplicando la Gracia. Heredamos un perdón incalculable y tenemos que sembrarlo poniendo al servicio del Reino de Dios lo que marca tu identidad de hijo/a. Si sabés enseñar, enseñá; si sabés consolar, consolá; si sabés liderar, hacelo con humildad.
Heredaste talentos y capacidades únicas sopladas por el Espíritu Santo. Esta herencia no es sólo tuya, pero es tu responsabilidad que cada vez más hijos hereden.
Asumí tu identidad. No esperes a estar en una crisis para darte cuenta de lo rico que sos en Dios. No le pidas al Padre que te dé «tu parte» para irte a vivir tu propia vida de manera independiente. Unite y sentite parte de la familia.
Celebra que estás en Su casa. Celebrá que todo lo de Papá es tuyo, porque pertenecés a su familia.
Tenés Su autorización, Su autoridad delegada para administrar y hacer que la herencia sea incalculable.
Hoy tenés recursos celestiales a tu disposición.
Su patrón le dijo: “¡Muy bien hecho! Eres un buen siervo y digno de confianza. Como fuiste fiel con poca cantidad, te pondré a cargo de mucho. Ven y alégrate con tu patrón”.
Mateo 25: 21 (PDT)
Ruth O. Herrera
