Que todos los conozcan a ustedes como personas bondadosas. El Señor está cerca.
Filipenses 4: 5 DHH
Este mes comienza el proceso de las elecciones en Argentina. Como ciudadanos tenemos el derecho y también la responsabilidad de elegir a quienes van a gobernarnos durante los próximos años. El clima político es efervescente, el social también. Cada candidato hace sus propuestas con la intención de ser electo, aunque mucha gente está descreída de que después cumplan.
Al viajar en colectivo escuché decir “están haciendo ahora lo que no hicieron antes por estar en plena campaña”.
En los medios de comunicación circulan una gran cantidad de frases hechas, expresiones generales que no dicen mucho en concreto y hasta conceptos bíblicos como sustento en discursos.
Por otro lado los estudios demuestran que la gente elige emocionalmente, no decide su voto luego de estudiar o analizar en detalle las propuestas de los candidatos.
¿Cuál es la identidad de cada candidato? Es imposible saberlo, varía de acuerdo con las circunstancias y se acomodan a sus necesidades.
La campaña se hace en un contexto de descreimiento y desilusión.
Nuestra sociedad necesita poder creer…
En definitiva es un tiempo de mucha convulsión social porque la política y los políticos no pueden ofrecer cambios sustanciales que cambien vidas de manera radical e integral.
Todo este panorama nos debe hace pensar en nuestro Ministerio y contrastar realidades. Nos llamamos La Casa del Padre y nuestra premisa es que “somos el abrazo de Papá”.
Esa es nuestra identidad.
Abrazamos para mostrar el amor genuino y sin distinción de Aquel que envió a su propio hijo a morir para que tuviéramos vida plena.
No lo hacemos porque queremos ganar adeptos
No hacemos promesas vanas porque conocemos al que siempre cumple Sus promesas.
No podemos cambiar la realidad de nadie, pero amamos y servimos a Quien cambia a las personas desde el interior y podemos guiarlos para que se encuentren con Él.
Somos compasivos porque nuestro Padre es compasivo.
Nuestro desafío como congregación e individuañmente es ser confiables, hacer y actuar de acuerdo a lo que decimos. Superarnos cada día siendo personas de convicciones fuertes. Que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no.
Solos no podemos cambiar a toda la sociedad pero sí podemos influir en quienes nos rodean… y más allá.
Nuestro compromiso es ser provocadores de nuestra “intima y cercana sociedad”. Trabajo, estudio, familia, vecinos, amigos… todos aquellos, quienes pueden ver en y a través nuestro al Rey que cumplió su promesa de cambiar vidas.
En lo público ser cristianos íntegros y en lo íntimo buscar en comuión ser transformados cada día.
Es tiempo de reforzar la oración por nuestro país, nuestra comunidad y hacernos responsables de que nuestro entorno vea a Jesús.
Y obiamente también es tiempo para que tu corazón se llene de agradecimiento a Aquel que es fiel y bondadoso en todo tiempo y respeta tu libertad. Él ama de verdad y a todos, al que lo recibe tanto como al que lo rechaza.
Monica Lemos
Ruth O. Herrera
