Ignorante

Una noche, un fariseo llamado Nicodemo, que era líder de los judíos, fue a visitar a Jesús y le dijo: —Maestro, sabemos que Dios te ha enviado a enseñarnos, pues nadie podría hacer los milagros que tú haces si Dios no estuviera con él. Jesús le dijo: —Te aseguro que si una persona no nace de nuevo[a] no podrá ver el reino de Dios.

Nicodemo le preguntó: — ¿Cómo puede volver a nacer alguien que ya es viejo? ¿Acaso puede entrar otra vez en el vientre de su madre? Jesús le respondió: —Te aseguro que si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.  Todos nacen de padres humanos; pero los hijos de Dios sólo nacen del Espíritu.  No te sorprendas si te digo que hay que nacer de nuevo.  El viento sopla por donde quiere, y aunque oyes su sonido, no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así también sucede con todos los que nacen del Espíritu. 

Nicodemo volvió a preguntarle: — ¿Cómo puede suceder esto?

Jesús le contestó: —Tú eres un maestro famoso en Israel, y ¿no lo sabes?

Juan 3: 1- 10 TLA

Nicodemo era un hombre ya grande, maduro y reconocido en el pueblo, sus conocimientos de la ley y las Escrituras eran suficientes como para ocupar su lugar de liderazgo, pero algo dentro suyo lo perturbaba… ¿Quién era realmente ese tal Jesús?

Paradójicamente lo mejor que le pasó a Nicodemo fue el haber dudado… querer saber lo que no entendía y desconfiar de sus propios criterios.

Nicodemo escuchó la respuesta a una pregunta que no había hecho. Sus halagos a Jesús tenían una sola dirección y era mostrar que lo reconocía como alguien especial, pero eso no era suficiente.

Lo que él realmente necesitaba era desaprender de su ley, que lo que detenía e impedía ver la verdad. Y cuando Jesús le dijo a Nicodemo “es necesario que nazcas de nuevo” lo estaba guiando a renovar su mente, reconsiderar sus conocimientos… a dudar de sus creencias.

Nicodemo fue confrontado en donde más le dolía… “su sabiduría y su título de maestro”.

Jesús le contestó: —Tú eres un maestro famoso en Israel, y ¿no lo sabes?

Los años, la cantidad de estudios, sermones, seminarios etc. etc. que pudiste recibir a lo largo de tu vida, aunque seas muy joven, no deben parcializar tu manera de pensar. Jesús no vino a “abolir la ley”, Él vino a darle el sentido real, porque una persona es más importante que el conocimiento. 

Seguramente vos también tenés que nacer de nuevo para revalorizar la fe, la Palabra Viva y si es necesario desestimar las formas y tradiciones que no te permiten vivir con libertad, ni vivir una plena vida en el Espíritu.

Porque los hábitos espirituales, las formas de orar repetidas o de enfrentar cada circunstancia en fe deberían ser renovadas cuando empezamos a sentir el hastío de la rutina espiritual.

Ser ignorantes de los secretos de Dios, puede ser lo que nos impulse a avanzar en el descubrir, conocer, asumir y experimentar el obrar del Espíritu Santo.

“Dios te quiere ignorante” ¿De qué se trata esta ignorancia?, de desaprender lo aprendido y de cuestionar el saber en el que te apoyaste hasta ahora. 

Debemos volver a esa palabra que le dijo Jesús al gran religioso: “Hoy te es necesario nacer de nuevo”.  

Todos los cristianos que por años vivimos en la fe de Cristo tenemos que revisar nuestras formas, conceptos y costumbres porque seguramente descubriremos que algo no nos deja volver a nacer cada día… éste es un gran desafío que puede sorprenderte.

¿Cuánto hace que no naces de nuevo?

Ruth O. Herrera