Impacto

 ¡Hombre! El Señor te ha dado a conocer lo que es bueno, y lo que él espera de ti, y que no es otra cosa que hacer justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6: 8 RVC

 

En el último devocional de esta semana te invito a fortalecer la idea y decisión de dejar huellas concretas y palpables en quienes nos rodean a través de la amabilidad, la paciencia, y el buen trato. Ser personas que impacten por el buen carácter es una decisión y también una lucha interna.

Sin depender de las circunstancias sino del compromiso con Cristo y dar buenas nuevas. Compartir esperanza, infundir ánimo y fortaleza a aquellos que están cerca. Dejar huellas de paz, amor y esperanza no es solo una opción, sino un llamado divino para cada discípulo de Jesús. Al vivir conforme a estos principios, transformamos nuestro entorno y glorificamos a Dios.

 

»Ustedes son como la sal que se pone en el horno de barro para aumentar su calor. Si la sal pierde esa capacidad, ya no sirve para nada, sino para que la tiren a la calle y la gente la pisotee. »Ustedes son como una luz que ilumina a todos. Son como una ciudad construida en la parte más alta de un cerro y que todos pueden ver. Nadie enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón. Todo lo contrario: la pone en un lugar alto para que alumbre a todos los que están en la casa. De la misma manera, la conducta de ustedes debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios. Hagan buenas acciones. Así los demás las verán y alabarán a Dios, el Padre de ustedes que está en el cielo.

Mateo 5: 13-16 TLA

 

Brevemente te recuerdo la impactante vida del pastor Martin Luther King Jr.  Fue y será siempre un ejemplo de alguien que dejó profundas huellas de paz, amor y esperanza. Como líder del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, luchó incansablemente por la igualdad y la justicia a través de medios pacíficos. Su compromiso con la no violencia y su amor por la humanidad resonaron en sus palabras y acciones.

Caminó las calles, predicó en iglesias y fuera de ellas, llamó a la unidad, al perdón, la paciencia y la igualdad en medio de una sociedad absolutamente hostil. Entregó su vida cada día que vivió y dejó secuelas inolvidables con su impactante muerte.

Su famoso discurso «Tengo un sueño» es un testimonio de su esperanza inquebrantable en un futuro mejor. Su amabilidad y firmeza en sus convicciones son un llamado, una invitación e inspiración a no pasar desapercibidos teniendo el carácter de Cristo.

Dejar huellas de paz, amor, amabilidad, buen trato y esperanza es una misión que requiere compromiso y valentía. Cada día podemos ser parte y hacer visible el Reino de los Cielos en nuestros lugares comunes, de maneras sencillas, pero que dejen ver el fruto del Espíritu que nos fue dado por ser discípulos de Jesús, hijos de Dios el Padre eterno.

 

Ruth O. Herrera