Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, el cual:
Aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera…
Filipenses 2: 5-7 DHH941
Un misterio difícil de explicar y entender. Pablo escribe y presenta con maestría y contundencia el tema de la encarnación de Jesús, que sigue siendo inentendible y solo se acepta por fe. Nuestra mente es limitada y demasiado frágil para comprender la magnitud del sacrificio de Jesús, que no fue solo su muerte en la cruz.
Jesús se vació a sí mismo, para manifestarse con un cuerpo limitado. El Padre también sacrificó lo que más amaba al enviar a su hijo para que la humanidad aceptara y caminara hacia su voluntad perfecta. Jesús, por amor al Padre y a nosotros, sujetó todo su ser a la obediencia y dejó la gloria que compartían.
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
Juan 1:1 RV1960
En su condición de hombre vino a completar su obra de redención, volvió al principio, a la restauración de la comunión perfecta que el hombre y la mujer tenían en el Edén, y para hacerlo debía empatizar en la humanidad con los hombres y manifestar así el eterno amor del Padre y la santificación del Espíritu.
Nuestro desafío es parecernos a Cristo, y el renunciar y despojarnos de nosotros mismos es una de las claves para lograrlo. Cuando nuestra cultura, educación, intereses o intensiones, son más fuertes que la voluntad de Dios, la imagen de Cristo en nosotros se desvanece y es débil. Desde el principio, Jesús, como Dios y como hombre, mostró su entrega incondicional.
Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al Dios verdadero. Vivimos unidos al que es verdadero, es decir, a su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna.
1° Juan 5: 20 DHH
La demanda del Padre es que nos neguemos a nosotros mismos, que no es menospreciarnos o no darle valor a la vida, sino una asociación con el “dar”. Dejar nuestra propia opinión y dar paso a la voluntad perfecta del Señor. Establecer el Reino de Dios antes que nuestro débil criterio de vida.
Jesús les dijo: —Ustedes son de aquí abajo, pero yo soy de arriba; ustedes son de este mundo, pero yo no soy de este mundo. Por eso les dije que morirán en sus pecados; porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados.
Juan 8:23-24 DHH
¡Qué maravillosa realidad, que Jesús se hizo igual a vos y a mí! Solo así nosotros somos hechos a su imagen y semejanza, y por el Espíritu Santo Él vive a través nuestro. Jesús se deshizo para que nosotros seamos hechos. Se negó para que seamos aceptados.
Ruth O. Herrera
